miércoles, 22 de marzo de 2017

Santo Evangelio 22 de Marzo 2017


Día litúrgico: Miércoles III de Cuaresma

Texto del Evangelio (Mt 5,17-19): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos».


«No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas (...), sino a dar cumplimiento»
Rev. D. Vicenç GUINOT i Gómez 
(Sant Feliu de Llobregat, España)


Hoy día hay mucho respeto por las distintas religiones. Todas ellas expresan la búsqueda de la trascendencia por parte del hombre, la búsqueda del más allá, de las realidades eternas. En cambio, en el cristianismo, que hunde sus raíces en el judaísmo, este fenómeno es inverso: es Dios quien busca al hombre.

Como recordó Juan Pablo II, Dios desea acercarse al hombre, Dios quiere dirigirle sus palabras, mostrarle su rostro porque busca la intimidad con él. Esto se hace realidad en el pueblo de Israel, pueblo escogido por Dios para recibir sus palabras. Ésta es la experiencia que tiene Moisés cuando dice: «¿Hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está Yahvé nuestro Dios siempre que le invocamos?» (Dt 4,7). Y, todavía, el salmista canta que Dios «revela a Jacob su palabra, sus preceptos y sus juicios a Israel: no hizo tal con ninguna nación, ni una sola conoció sus juicios » (Sal 147,19-20).

Jesús, pues, con su presencia lleva a cumplimiento el deseo de Dios de acercarse al hombre. Por esto, dice que «no penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento» (Mt 5,17). Viene a enriquecerlos, a iluminarlos para que los hombres conozcan el verdadero rostro de Dios y puedan entrar en intimidad con Él.

En este sentido, menospreciar las indicaciones de Dios, por insignificantes que sean, comporta un conocimiento raquítico de Dios y, por eso, uno será tenido por pequeño en el Reino del Cielo. Y es que, como decía san Teófilo de Antioquía, «Dios es visto por los que pueden verle; sólo necesitan tener abiertos los ojos del espíritu (...), pero algunos hombres los tienen empañados».

Aspiremos, pues, en la oración a seguir con gran fidelidad todas las indicaciones del Señor. Así, llegaremos a una gran intimidad con Él y, por tanto, seremos tenidos por grandes en el Reino del Cielo.

Magistral discurso sobre la enseñanza de un profesor de matemáticas ante Risto Mejide y Eva Hache


A Ricardo Moreno le sobraron 5 minutos para triturar la Logse en «Chester in Love»

Magistral discurso sobre la enseñanza de un profesor de matemáticas ante Risto Mejide y Eva Hache

Ricardo Moreno, ante Risto Mejide y Eva Hache: toda una lección de sentido común y experiencia docente.

Magistral discurso sobre la enseñanza de un profesor de matemáticas ante Risto Mejide y Eva Hache

El pasado 26 de febrero, el programa Chester in Love de Cuatro, que presenta Risto Mejide, abordó el tema de la educación. Una de sus invitadas fue la actriz Eva Hache (Eva María Hernández Villegas, Segovia, 1971), bien conocida de los telespectadores españoles porque tras ganar en 2003 el certamen de monólogos de El Club de la Comedia ha trabajado en diversos programas de Telecinco y laSexta, además de interpretar papeles, siempre de vis cómica, en cine y teatro. En 2012 y 2013 fue la presentadora de la gala de entrega de los Premios Goya del cine español.



En las elecciones generales de 2015, Eva dejó claro que su voto era para Podemos: "He votado por correo. Doy una pista: me encanta que haya que luchar contra el lado oscuro del PP y del PSOE. Está bien que aparezcan nuevos grupos y la gente pueda decidir un poco más". De hecho, meses antes se había unido al coro de "artistas e intelectuales" de extrema izquierda que reclamaban una lista de "unidad popular", esto es, la confluencia de todos los grupos vinculados a las movilizaciones del 15-M (15 de mayo de 2011) con comunistas, ecologistas, animalistas, etc., bajo una candidatura común.

No sorprende, por tanto, que ante Risto Mejide su discurso en materia educativa respondiese a los estándares progresistas de la corrección política: criticó los exámenes y el sistema educativo porque "enseñamos a los niños a hacer lo que les digan": "Estamos creando gente sumisa, estamos creando esclavos". Con respecto a la polémica que se ha alimentado en España en los últimos meses sobre si los niños se llevan a casa demasiados deberes escolares, bromeó al afirmar: "Mi  hijo ya no tiene deberes porque hemos amenazado a los profesores". Frase que generó gran controversia en las redes sociales y ataques a la actriz porque inicialmente fue difundida por el programa sin incorporar el matiz humorístico.



Pero el gran protagonista de la noche fue Ricardo Moreno, el profesor de matemáticas jubilado a quien introdujo Risto Mejide en el plató para dar la réplica a Eva Hache, cuyas ideas, lejos de ser transgresoras, inspiran de hecho el sistema educativo español desde la promulgación el 4 de octubre de 1990 de la Logse (Ley Orgánica General del Sistema Educativo en España). Era entonces Felipe González presidente del Gobierno; Javier Solana (luego secretario general de la OTAN), ministro de Educación; y Alfredo Pérez Rubalcaba (futuro secretario general del PSOE), secretario de Estado de Educación.

En Chester in Love, Moreno planteó una demoledora crítica al sistema educativo basado en la Logse, cuyo espíritu pervive prácticamente intacto en las leyes reformadas posteriormente por PP y PSOE. 



"Nuestro sistema educativo se basa en el engaño", empezó Moreno, "porque nunca habla ni del esfuerzo, ni del trabajo ni del conocimiento. Lo envuelve en destrezas, espíritu crítico, creatividad. Pero el espíritu crítico, sin conocimiento, es charlatanería. Un fanático es un ignorante lleno de espíritu crítico".

El discurso es de antología. Vale la pena escucharlo entero (ver abajo el vídeo), es breve y contundente, y basado en el sentido común y en la sabiduría clásica, que reivindica la autoridad del maestro en el aula, la diferencia entre quienes enseñan y quienes aprenden, y la necesidad de estimular el esfuerzo en los alumnos.

Fuente: Religión en Libertad


martes, 21 de marzo de 2017

Santo Evangelio 21 de Marzo 2017


Día litúrgico: Martes III de Cuaresma

Texto del Evangelio (Mt 18,21-35): En aquel tiempo, Pedro se acercó entonces y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?». Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

»Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 

»Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano».


«Movido a compasión (...) le perdonó la deuda»
Rev. D. Enric PRAT i Jordana 
(Sort, Lleida, España)



Hoy, el Evangelio de Mateo nos invita a una reflexión sobre el misterio del perdón, proponiendo un paralelismo entre el estilo de Dios y el nuestro a la hora de perdonar.

El hombre se atreve a medir y a llevar la cuenta de su magnanimidad perdonadora: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?» (Mt 18,21). A Pedro le parece que siete veces ya es mucho o que es, quizá, el máximo que podemos soportar. Bien mirado, Pedro resulta todavía espléndido, si lo comparamos con el hombre de la parábola que, cuando encontró a un compañero suyo que le debía cien denarios, «le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’» (Mt 18,28), negándose a escuchar su súplica y la promesa de pago.

Echadas las cuentas, el hombre, o se niega a perdonar, o mide estrictamente a la baja su perdón. Verdaderamente, nadie diría que venimos de recibir de parte de Dios un perdón infinitamente reiterado y sin límites. La parábola dice: «Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda» (Mt 18,27). Y eso que la deuda era muy grande.

Pero la parábola que comentamos pone el acento en el estilo de Dios a la hora de otorgar el perdón. Después de llamar al orden a su deudor moroso y de haberle hecho ver la gravedad de la situación, se dejó enternecer repentinamente por su petición compungida y humilde: «Postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión...» (Mt 18,26-27). Este episodio pone en pantalla aquello que cada uno de nosotros conoce por propia experiencia y con profundo agradecimiento: que Dios perdona sin límites al arrepentido y convertido. El final negativo y triste de la parábola, con todo, hace honor a la justicia y pone de manifiesto la veracidad de aquella otra sentencia de Jesús en Lc 6,38: «Con la medida con que midáis se os medirá».

Un cura joven pone en su sitio a Pablo Iglesias y le recuerda por qué es importante la Misa de La 2


Patxi Bronchalo, párroco en Valdemoro, escribe una carta abierta al líder de Podemos

Un cura joven pone en su sitio a Pablo Iglesias y le recuerda por qué es importante la Misa de La 2

Patxi Bronchalo, párroco en Valdemoro, escribe una carta muy clara a Pablo Iglesias

Un cura joven pone en su sitio a Pablo Iglesias y le recuerda por qué es importante la Misa de La 2


Patxi Bronchalo es un sacerdote joven de 30 años de la Diócesis de Getafe y párroco en la localidad madrileña de Valdemoro. Es además uno de los sacerdotes más concienciados con la evangelización por internet, es muy activo en las redes sociales y es en la práctica un cura 'youtuber', que a través de historietas plantea a los jóvenes las grandes preguntas de la vida.

Aprovechando su presencia en internet, Patxi Bronchalo ha escrito una carta al líder del partido izquierdista Podemos, Pablo Iglesias, que ha tenido gran repercusiòn en las redes sociales, a raíz de sus palabras en las que pedía eliminar la Misa de La 2 de Televisión Española. En ella, este cura explica a Iglesias por qué es importante para decenas de miles de personas que se siga emitiendo cada domingo la Misa. Además, recuerda al líder podemita que él también es de su misma generación y conoce los problemas y dificultades que hay en España por lo que sabe de lo que habla.

"De primera mano puedo asegurarte que es muy grande la cantidad de personas que están deseando que empiece la Misa del domingo de La Dos. Para muchos será el único consuelo de ese día. Muchos solo encontrarán paz y compañía ahí. Muchos no tendrán más alimento para su espíritu que ese. Muchos han pasado una vida de fatigas, de penurias y ahora están solos, y solo les queda Dios. Muchos están sufriendo con dolor los azotes de la crisis en sus hijos y nietos, hacen y avalan lo que pueden, y solo les queda Dios. Muchos se sienten condenados y abandonados por sus propias familias, tan metidas en su sociedad de bienestar, y solo les queda Dios", le recuerda Patxi a Iglesias.

Y yendo al terreno del líder de Podemos, este cura le pregunta: "¿No tiene el estado el deber de velar por el bienestar de sus ciudadanos? ¿No es el alma una parte fundamental a cuidar para que la persona esté bien? ¿Podemos obviar que aunque vivamos en un estado aconfesional son cientos de miles los católicos de nuestra bella tierra? ¿Por qué dices que hay que quitarles la Misa?"

Por ello, este cura acaba la carta con la clave de la cuestión de su intento de eliminar la misa: "Dime Pablo, de corazón, que no es por ideología". Y tras esto se despide de Pablo Iglesias recordándole que reza por él todos los días.

A continuación, publicamos la carta íntegra de Patxi Bronchalo publicada en su blog:

Carta a Pablo Iglesias, político

Estimado Pablo.

Me presento. Mi nombre es Patxi Bronchalo, tengo treinta años, y soy cura. Como tanta gente de mi generación de los ochenta, sufro la desilusión de no saber a quién votar, me escandalizan los casos de corrupción, veo con dolor las consecuencias en la gente sencilla de una economía que ha endiosado al dinero y dado de lado a la persona (como imaginarás, una parroquia es lugar que trata de cerca los dramas de la falta de comida, de vivienda, de empleo, etc).


Aunque en realidad hoy no te escribo por eso. He visto en Youtube las declaraciones que has hecho pidiendo que la Misa no tenga cabida en la televisión publica, amparándote en la Constitución, el documento del que tantas veces los españoles echamos pestes y alabamos a partes iguales.

Yo nunca veo la Misa el domingo en la tele. No estoy dentro de ese millón largo de personas que el otro día si lo hicieron. Ni siquiera tengo tele. Podría verla por internet, pero es que la hora me viene mal. Los domingos la Misa la vivo "in situ" en mi parroquia. Normalmente celebro dos de ellas, y suelo oír el murmullo lejano de otras dos desde mi confesionario, entre persona y persona que se acerca con sus problemas y alegrías.

Ya ves. Como cura tengo un lugar privilegiado en la Misa, desde mi posición se ve todo. Hay muchos tópicos sobre que todo el mundo en la iglesia se duerme, se distrae, etc. Yo los veo. Veo a quien se duerme, veo a quien se distrae. Veo mucho más. Veo a quien llora, a quien se estremece, a quien tiene un gran sufrimiento, a quien encuentra un gran alivio y consuelo. Soy un privilegiado por ver y conocer las historias de dolor y paz de quienes vienen a Misa a mi parroquia.


La Misa que emite los domingos por la mañana La 2 triplica la audiencia media de la cadena

Y también están las historias de los que no van, que son muchos. Muy a su pesar, muchos se tienen que quedar en casa. No pueden venir. La edad se lo impide. La enfermedad física no les deja moverse del sillón. La minusvalía hace que tenga que depender de otros en todo. La depresión les condena a no salir de la cama. La soledad les hace aterrarse de salir al mundo. Conozco a muchos de ellos. Son muchos los que visitamos desde la parroquia. Y se que hay muchos mas. Cualquier cura te diría lo mismo.

De primera mano puedo asegurarte que es muy grande la cantidad de personas que están deseando que empiece la Misa del domingo de La Dos. Para muchos será el único consuelo de ese día. Muchos solo encontrarán paz y compañía ahí. Muchos no tendrán más alimento para su espíritu que ese. Muchos han pasado una vida de fatigas, de penurias y ahora están solos, y solo les queda Dios. Muchos están sufriendo con dolor los azotes de la crisis en sus hijos y nietos, hacen y avalan lo que pueden, y solo les queda Dios. Muchos se sienten condenados y abandonados por sus propias familias, tan metidas en su sociedad de bienestar, y solo les queda Dios.

No nos engañemos: el alma necesita alimento. Y estas personas no encuentran consuelo en los animalitos que salen después de comer, ni en las peleas que salen en los realitys, ni en las entrevistas de Chester, ni siquiera en vuestros debates desde el Congreso que nos cuentan las noticias. El alma necesita otra cosa. Negar a Dios es mutilarnos.

¿No tiene el estado el deber de velar por el bienestar de sus ciudadanos? ¿No es el alma una parte fundamental a cuidar para que la persona esté bien? ¿Podemos obviar que aunque vivamos en un estado aconfesional son cientos de miles los católicos de nuestra bella tierra? ¿Por qué dices que hay que quitarles la Misa? Dime Pablo, de corazón, que no es por ideología.

Gracias por tu lectura. Sinceramente te digo que rezo por ti.

Saludos cordiales.

Patxi Bronchalo. Un cura de pueblo y ciudad

lunes, 20 de marzo de 2017

Santo Evangelio 20 de Marzo 2017


Día litúrgico: Lunes III de Cuaresma

Texto del Evangelio (Lc 4,24-30): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente reunida en la sinagoga de Nazaret: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio».

Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.


«Ningún profeta es bien recibido en su patria»
Rev. P. Higinio Rafael ROSOLEN IVE 
(Cobourg, Ontario, Canadá)




Hoy, en el Evangelio, Jesús nos dice «que ningún profeta es bien recibido en su patria» (Lc 4,24). Jesús, al usar este proverbio, se está presentando como profeta.

“Profeta” es el que habla en nombre de otro, el que lleva el mensaje de otro. Entre los hebreos, los profetas eran hombres enviados por Dios para anunciar, ya con palabras, ya con signos, la presencia de Dios, la venida del Mesías, el mensaje de salvación, de paz y de esperanza.

Jesús es el Profeta por excelencia, el Salvador esperado; en Él todas las profecías tienen cumplimiento. Pero, al igual que sucedió en los tiempos de Elías y Eliseo, Jesús no es “bien recibido” entre los suyos, pues son estos quienes llenos de ira «le arrojaron fuera de la ciudad» (Lc 4,29). 

Cada uno de nosotros, por razón de su bautismo, también está llamado a ser profeta. Por eso:

1º. Debemos anunciar la Buena Nueva. Para ello, como dijo el Papa Francisco, tenemos que escuchar la Palabra con apertura sincera, dejar que toque nuestra propia vida, que nos reclame, que nos exhorte, que nos movilice, pues si no dedicamos un tiempo para orar con esa Palabra, entonces sí seremos un “falso profeta”, un “estafador” o un “charlatán vacío”.

2º Vivir el Evangelio. De nuevo el Papa Francisco: «No se nos pide que seamos inmaculados, pero sí que estemos siempre en crecimiento, que vivamos el deseo profundo de crecer en el camino del Evangelio, y no bajemos los brazos». Es indispensable tener la seguridad de que Dios nos ama, de que Jesucristo nos ha salvado, de que su amor es para siempre. 

3º Como discípulos de Jesús, ser conscientes de que así como Jesús experimentó el rechazo, la ira, el ser arrojado fuera, también esto va a estar presente en el horizonte de nuestra vida cotidiana.

Seminaristas, "Cerca de Dios y cerca de los hermanos"


Seminaristas, "Cerca de Dios y cerca de los hermanos"

En el día del Seminario los futuros sacerdotes hablan del divorcio, la homosexualidad, los pobres…

 Por el Día del Seminario, que se celebra este domingo con el lema Cerca de Dios y de los hermanos, los periodistas Fran Otero y Cristina Sánchez del semanario Alfa y Omega han reunido a cuatro candidatos al sacerdocio de distintos carismas para confrontarlos con la realidad que les va a tocar vivir cuando sean ordenados: una sociedad secularizada, evangelización, divorciados, pobres, abusos...

La madrileña calle del Espejo, a pocos metros de la plaza de Ópera, bien podría ser la metáfora, por sinuosa, del camino que los sacerdotes del futuro tendrán que recorrer para anunciar a Jesucristo a la sociedad del siglo XXI.

En esa vía escondida se esconde una bonita cafetería que lleva el nombre de una virgen mártir, santa Eulalia.

Casualidades. Dentro, en el suelo, se ilumina lo que queda de la vieja muralla de Madrid, ciudad en la que viven estos cuatro seminaristas que comparten camino desde carismas diferentes. Martín Rodajo, del Seminario Conciliar; Juan Alcalde, del Redemptoris Mater; Michael Canzian es hermano de los Legionarios de Cristo, y Adrián de Prado va a ser sacerdote y religioso claretiano. Nos juntamos para hablar de los retos pastorales que van a tener que afrontar, y los problemas y oportunidades que les exigirán una respuesta.


¿Por qué sacerdote?
Juan: Nunca había querido ser sacerdote. Jamás. En mis planes nunca entraba el ser presbítero ni la palabra seminario. Siempre he estado en la Iglesia, concretamente en una comunidad neocatecumenal. Mis padres me transmitieron la fe, pero lo de ser sacerdote era para otros, yo tenía mis propios proyectos. Llegó un momento en el que tenía todo lo que pensaba que necesitaba para ser feliz pero mi vida era un sinsentido y, en medio de esa situación, Dios me alcanzó. A partir de ahí, el Señor me ha ido llevando hasta el punto que tuve que gritar que me ayudara. Estoy ya en el cuarto año y estoy contento.

Adrián: En mi caso ha sido un camino largo. Mi vocación ha sido un descubrimiento paulatino marcado por el sufrimiento en la infancia y la adolescencia.

Al final de esta, me encontré con los claretianos. En mi caso, la vocación más fuerte es la de religioso y luego, dentro de ese camino, he descubierto la de sacerdote.

Martín:  ¿Por qué Dios ha querido que sea sacerdote? Lo nuestro no es una iniciativa, sino una respuesta. En mis planes tampoco estaba el ser sacerdote, pero Dios se valió de unas personas para replantear mi vida. Y lo único que puedo hacer es responder que sí.

Michael: Cuando les digo a los chicos del colegio donde estoy que antes tenía piercings, el pelo de punta y era un futbolista semiprofesional me llaman “macarra”. En mi familia éramos católicos de cultura, pero no de vida, hasta que mi madre tuvo una conversión muy fuerte y nos arrastró a todos. Me comprometí a tener una relación más cercana a la Iglesia y fue un sacerdote legionario de Cristo el que me cautivó por su forma de ser. Y llegó la pregunta de por qué no ser sacerdote. Tuve que abandonar la idea por la separación de mis padres; tocaba trabajar para sacar a mi madre y a mi hermana adelante, pero la vocación seguía ahí. Dije a Dios que aceptaba, pero que él tenía que atender lo que dejaba. Un mes después mi madre encontró trabajo y, más adelante, mis padres volvieron a estar juntos.

¿Cuáles son las cualidades que debe tener un sacerdote hoy?
Michael: Disponibilidad las 24 horas.

Juan: Ser un sacerdote humilde, que se deje hacer por el Señor.

Martín:  Yo pondría el acento en ser una persona de oración, que tenga a Dios en el centro.

Adrián: Debe ser un buscador ardiente de Dios en cada circunstancia de su vida. Y alguien con un corazón sensible a la realidad de la gente.

El Papa habla de “pastores con olor a oveja”...
Adrián: No podemos ser personas alejadas de los dolores de la gente. También creo que Dios quiere ovejas que huelan a su Pastor. Tiene que haber ese doble movimiento.

Michael: Esa frase me recuerda a un sacerdote de Italia a quien los jóvenes llaman siempre si tienen algún problema. No importa la hora que sea, él siempre está disponible, siempre va a su encuentro.

Martín:  El olor a oveja se adquiere por contacto. Interpreto que lo que el Papa quiere decir es que debemos pasar de un esquema en el que el sacerdote es un mero funcionario o administrador de sacramentos, que está bien, para ir a buscar a los hombres en las situaciones en las que están. Lo suele decir don Carlos, cardenal arzobispo de Madrid, cuando habla de que hay que ir a buscar a los hombres no cómo nos guste que estén, sino como estén.

Juan: El clericalismo es uno de los grandes problemas de la Iglesia. Lo que hace el pastor con sus ovejas es lo que Cristo ha hecho conmigo; no le ha dado asco cogerme en brazos y llevarme.


¿Cuáles son los principales problemas que afronta hoy la Iglesia?
Martín:  La Iglesia tiene los mismos problemas que la sociedad, porque no es un meteorito que haya caído aquí. Destacaría el olvido de Dios, uno de los grandes males que tiene la sociedad y la propia Iglesia, pues se ha separado la fe de la vida y, por tanto, la identidad de la persona no está configurada por lo que cree.

¿Hay solución?
Martín:  Debemos generar ambientes en los que la gente se reconstruya como persona.

Más...
Martín:  Otro problema es que tenemos personas que se mueven por la emoción, lo que impide que maduren y tomen decisiones en su vida. Esto incapacita para asumir obligaciones, para el sacerdocio, para el matrimonio, para la vida... Porque los sujetos son frágiles. La raíz de todo es la fragmentación de la familia. Una solución sería, entonces, cuidar a la familia.

Adrián: Somos la primera generación eclesial que no está sabiendo transmitir la fe; al menos, en el contexto europeo. Dentro de la propia Iglesia, noto que hay gente que sí vive la fe, pero lo hace con desorientación e incapacidad para la relación con Dios.

Juan: Uno de los grandes retos de la Iglesia hoy es cómo hacer presente a Cristo en medio de esta generación.

Para muchos, sobre todo entre los jóvenes, la Iglesia es algo ajeno. Su contacto con ella se reduce a los titulares de los periódicos, que seleccionan la información más rentable. La realidad es que quizá nunca hayan visto un cristiano con una fe adulta, hay muchos bautizados –cada vez menos– pero pocos viven conscientes de ello. La clave está en la iniciación cristiana.


El Papa habla de acompañar la debilidad, de convertir la Iglesia en hospital de campaña... ¿Cómo abordaríais la situación de una familia herida o de un divorciado?
Michael: He tenido problemas familiares que me han tocado mucho y me han hecho replantearme muchas cosas. Cuando alguien va a acompañar, la primera reacción suele ser la de decir al otro qué es lo que tiene que hacer. Pero si empezamos así, chocaremos contra una pared. Debemos escuchar, consolar, acompañar... probablemente la persona ya sepa lo que tiene que hacer, pero necesita que alguien la respalde. En el caso concreto de los divorciados, lo primero es acompañar y, además, con mucho tacto.

Martín:  Añado que es importante que ese acompañamiento se materialice en acogida, que la persona encuentre en la Iglesia el lugar donde vivir sus problema. También hay que ejercer la caridad de la verdad, para lo que hay que encontrar la ocasión.

Adrián: Cuando llaman a mi puerta no llama un divorciado, llama una persona. Esto se nos olvida. Viene con su dolor a cuestas y solo espera que le abras la puerta, le mires a los ojos y le preguntes qué necesita. Al final, lo que tiene que hacer un sacerdote o un creyente es ayudar a la persona, en la situación en la que esté, a confrontar su vida con Dios. No hay que ser ingenuos, las situaciones son complejas y las heridas no se van nunca. Algunas veces tendrán un mejor encaje y otras peor, pero hasta en la peor de las situaciones no se puede cerrar la puerta.

Juan: Para acercarse a la Iglesia no hace falta tener la vida ordenada. Al revés, es a los pecadores, a los que están hechos polvo, para los que ha venido Cristo. Mi experiencia en una comunidad del Camino Neocatecumenal es que la de la vida de fe compartida va sanando a la personas en un cuerpo, que es la Iglesia.


¿Y ante un homosexual? El Papa dijo que quién era él para juzgar...
Martín:  Lo que dijo el Papa es lo que dice el Catecismo. Se agradece que lo haya sacado a la luz, porque se puede hacer una reflexión. Volvemos a lo de antes: tenemos que decirle que está en su casa y acogerle con respeto, compasión y delicadeza. Y como a cualquier persona, acompañarle a descubrir la verdad de su situación.

Michael: Yo diría que hay que vencer el miedo y salir. Da igual que sean divorciados u homosexuales... Eso sí, si la persona está en el centro, no solo las normas deben responder a los problemas, pues una norma no abarca toda la situación de una persona. A lo mejor hay matices...

¿Y los pobres?
Adrián: El ministerio me tiene que llevar a la casa del pobre; no por un papel, sino por dinamismo interno. Si una característica fundamental para ser sacerdote es la de tener un corazón sensible, cuánto más con la gente que más sufre. Un cura que no tiene ningún amigo pobre es sospechoso.

La Iglesia ha sufrido la conducta de algunos sacerdotes que han abusado de niños. ¿Cómo vivís esto?
Adrián: Con mucho dolor. Para mí siempre es una llamada al perdón y a la responsabilidad por el don que he recibido.

Martín:  El pastor en vez de cuidar a su oveja la ha destruido. Solo puede generar dolor a la Iglesia y afecta a la sensibilidad de todos, creyentes y no creyentes.

Juan: Pienso lo mismo, pero añadiría la humildad, sabiendo que todos somos muy pobres y el único que nos sostiene es Cristo

Michael: Suscribo todo lo que han dicho. El dolor no se puede eliminar, pues la herida de un miembro hace sufrir a todo el cuerpo. No juzgar con el dedo no quiere decir justificar, porque esto no se puede justificar.

Hablemos de los medios de comunicación y las redes sociales. ¿Cuál debe ser el papel de la Iglesia en ellos?
Martín:  La Iglesia debe estar presente, pues forma parte de la vida de los hombres. Puede haber un cierto debate sobre la prudencia o el hacer frente: yo soy más de lo segundo.

Adrián: Yo creo que hay que ser conscientes de que los medios tienen un fin y nosotros, otro. En unos convergemos y en otros no. No está de más la prudencia. La Iglesia tiene que ser experta en medios, pero también en comunicación humana.

Juan: Creo que, sobre todo, con el tema de las redes sociales, se cae en la tentación de decir muchas cosas pero casi ninguna relevante. Además, en tanto en cuanto despersonalizan, dificultan el encuentro entre personas en la verdad. El tema de las redes sociales y los jóvenes es tremendo, pues en vez de mostrarte te oculta, formas una imagen de ti, un ideal, que no se ajusta a la realidad, inalcanzable y lleva siempre a la frustración y a vivir en una mentira.

Michael: La Iglesia debe ser transparente a la hora de comunicar.

domingo, 19 de marzo de 2017

Santo Evangelio 19 de Marzo 2017



Día litúrgico: Domingo III (A) de Cuaresma

Texto del Evangelio (Jn 4,5-42): En aquel tiempo, Jesús llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta. 

Llega una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber». Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice a la mujer samaritana: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva». Le dice la mujer: «Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?». Jesús le respondió: «Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna». 

Le dice la mujer: «Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla». El le dice: «Vete, llama a tu marido y vuelve acá». Respondió la mujer: «No tengo marido». Jesús le dice: «Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad». 

Le dice la mujer: «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar». Jesús le dice: «Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad». 

Le dice la mujer: «Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo». Jesús le dice: «Yo soy, el que te está hablando».

En esto llegaron sus discípulos y se sorprendían de que hablara con una mujer. Pero nadie le dijo: «¿Qué quieres?», o «¿Qué hablas con ella?». La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?». Salieron de la ciudad e iban donde Él. 

Entretanto, los discípulos le insistían diciendo: «Rabbí, come». Pero Él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis». Los discípulos se decían unos a otros: «¿Le habrá traído alguien de comer?». Les dice Jesús: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra. ¿No decís vosotros: Cuatro meses más y llega la siega? Pues bien, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega. Ya el segador recibe el salario, y recoge fruto para la vida eterna, de modo que el sembrador se alegra igual que el segador. Porque en esto resulta verdadero el refrán de que uno es el sembrador y otro el segador: yo os he enviado a segar donde vosotros no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y vosotros os aprovecháis de su fatiga». 

Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por las palabras de la mujer que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que he hecho». Cuando llegaron donde Él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Y fueron muchos más los que creyeron por sus palabras, y decían a la mujer: «Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo».

«Dame de beber»
P. Julio César RAMOS González SDB 
(Mendoza, Argentina)



Hoy, como en aquel mediodía en Samaría, Jesús se acerca a nuestra vida, a mitad de nuestro camino cuaresmal, pidiéndonos como a la Samaritana: «Dame de beber» (Jn 4,7). «Su sed material —nos dice Juan Pablo II— es signo de una realidad mucho más profunda: manifiesta el ardiente deseo de que, tanto la mujer con la que habla como los demás samaritanos, se abran a la fe». 

El Prefacio de la celebración eucarística de hoy nos hablará de que este diálogo termina con un trueque salvífico en donde el Señor, «(...) al pedir agua a la Samaritana, ya había infundido en ella la gracia de la fe, y si quiso estar sediento de la fe de aquella mujer, fue para encender en ella el fuego del amor divino». 

Ese deseo salvador de Jesús vuelto “sed” es, hoy día también, “sed” de nuestra fe, de nuestra respuesta de fe ante tantas invitaciones cuaresmales a la conversión, al cambio, a reconciliarnos con Dios y los hermanos, a prepararnos lo mejor posible para recibir una nueva vida de resucitados en la Pascua que se nos acerca.

«Yo soy, el que te está hablando» (Jn 4,26): esta directa y manifiesta confesión de Jesús acerca de su misión, cosa que no había hecho con nadie antes, muestra igualmente el amor de Dios que se hace más búsqueda del pecador y promesa de salvación que saciará abundantemente el deseo humano de la Vida verdadera. Es así que, más adelante en este mismo Evangelio, Jesús proclamará: «Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí», como dice la Escritura: ‘De su seno correrán ríos de agua viva’» (Jn 7,37b-38). Por eso, tu compromiso es hoy salir de ti y decir a los hombres: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho…» (Jn 4,29).

La hermana Sabria, refugiada iraquí: la Iglesia «es el rostro compasivo de Dios con los perseguidos»


En Kurdistán, las monjas se deshacen ayudando a todos y viviendo la fe con los católicos desplazados

La hermana Sabria, refugiada iraquí: la Iglesia «es el rostro compasivo de Dios con los perseguidos»

La hermana Sabria, refugiada iraquí: la Iglesia «es el rostro compasivo de Dios con los perseguidos»

La Hna. Sabria Momika O.P. estaba destinada en Qaraqosh (Iraq) cuando, el 6 de agosto de 2014, tuvo que huir precipitadamente, con toda su comunidad y todos los cristianos de la ciudad, ante la inminente entrada de los terroristas del Estado Islámico (Daesh). Portaluz recoge su testimonio desde EUK Mamie-HM Televisión, y en él late pleno de esperanza el corazón de una mujer enamorada de Cristo… hermana, madre, amiga; sirviendo en tierras donde ella y las demás religiosas de la Congregación Hermanas Dominicas de Santa Catalina de Siena, son objetivo prioritario para ser asesinadas brutalmente por los terroristas.

Una y otra vez se emociona al recordar los dolorosos acontecimientos vividos por miles de cristianos. Pero asimismo se rehace y continúa narrando, pues no quiere proclamar a todos lo que allí se vive… aunque ha sido grabada ocultando el rostro por motivos de seguridad.

El origen del caos
Sabria pertenece a la Congregación Hermanas Dominicas de Santa Catalina de Siena, una comunidad nacida en Iraq en el año 1887 y que tenía su Casa Generalicia en Mosul. Los del Daesh ya han destruido 23 conventos de estas religiosas, arruinando así decenas de proyectos al servicio de la población local… “Toda la comunidad está compuesta por ciento dieciséis hermanas… Hemos dejado veintitrés conventos y proyectos -que son tantísimos- en Nínive, en la llanura de Nínive”, ratifica la hermana Sabria, recordando cómo fue que inició el caos, tras la invasión de los Estados Unidos y sus aliados…



“La situación antes de 2003 era muy buena. Después de la caída del régimen de Saddam Hussein, hubo una gran confusión. Mucho desorden en todos los niveles. Perdimos todo el orden. Entonces comenzaron muchos problemas con los musulmanes… Así nacieron, no sabemos cómo. No eran así antes. Pero después del 2003 cayó todo eso. Empezamos a tener muchos problemas con ellos en el trabajo, en los hospitales, para buscar trabajo, para hacer documentos… Todos estos problemas nacieron después de la caída del régimen de Saddam. De repente surgió toda esta violencia, no sabemos por qué. Pero hubo ciertas intervenciones, de Irán y de Arabia Saudí. Son sunitas en Arabia Saudí y chiitas en Irán. Porque hay dos grupos musulmanes en Iraq: chiitas y sunitas, que están enfrentadas porque cada una tiene sus intereses. Las intervenciones de estos dos países, Arabia Saudí e Irán, crearon esta confusión”.

La huida
El 6 de agosto de 2014, es una fecha que jamás olvidará la hermana Sabria. Ese día celebrarían, como todo el orbe católico la Fiesta de la Transfiguración del Señor. Pero también se verían forzadas a huir… “Desde las cuatro de la mañana escuchamos un bombardeo muy fuerte. Fuimos a misa tranquilamente, a pesar de este ruido. Después de misa volvimos para desayunar, pero el bombardeo continuó y continuó durante casi toda la jornada. La gente preguntaba: ‘¿Qué pasa, qué es este bombardeo?’ De pronto, un misil cayó frente a una casa causando la muerte a una joven y dos niños. Murieron ahí mismo… El misil también causó muchos heridos y destruyó muchas casas. Esta chica se había comprometido en matrimonio ese mismo día. Por la tarde, después del funeral, la gente estaba muy asustada y empezaron a pensar en marchar, porque la situación se hacía más dura. Alrededor de las siete oímos voces y ruido de salida. No pensaba que nosotras -las hermanas- marcharíamos. Hacia las once, casi a medianoche, decidimos salir de Qaraqosh porque habíamos recibido varias llamadas que nos decían: ‘Hermanas, tenéis que marchar, porque la situación es muy peligrosa para vosotras’. Así que nos preparamos rápidamente para salir”.

La Hna. Sabria guarda silencio, conmovida. Las lágrimas anegan sus ojos al recordar esa huida en la que apenas se llevaron unos bocadillos para la cena y algo de ropa en una pequeña maleta. No había tiempo para más. La entrada de los terroristas del Daesh en Qaraqosh era inminente: “Salimos a la medianoche. Vimos un río de gente. ¡Madre mía, un río! De todas las ciudades, de todos los pueblos salía gente: de Qaraqosh, Ba'ashika, Bartallah y otros pueblos. De la otra parte, del norte: Tall Kayf, Bakufa, Batnaya, Telskuf… Iban en bicicleta, a pie, en tantos medios. Había niños, ancianos, enfermos, minusválidos... Fue realmente una noche negra y peligrosa. Una noche oscura, tan oscura. Con el calor de agosto, sin agua, sin nada”.


Tardaron casi diez horas solo en salir de la ciudad, extraviadas en medio de la noche, sin saber hacia dónde iban. Los controles de entrada en el Kurdistán eran muy severos pero, finalmente, consiguieron llegar al convento de su comunidad en Ankawa: “Nuestras hermanas nos recibieron con lágrimas y llanto. Gracias a Dios que nos acompañó en esta noche tan dura”.

Cargaron sobre ellas su cruz
Pero las hermanas no estaban solas. Miles de cristianos llegaban agotados al Kurdistán buscando refugio… y ellas no dudaron en lo que debían hacer por amor a Cristo. “Fuimos por todas partes. Las hermanas nos distribuimos de dos en dos por los campos, escuelas, iglesias, calles, jardines... Algunos estaban enfermos, otros se habían caído... Tantos, tantos problemas. Había quién estaba durmiendo en la calle, esperando que les dieran agua, comida... porque no habían llevado nada de sus casas. Dejaron allí todo, todo lo que tenían lo habían dejado: casas, muebles, dinero, oro, todo. Poco a poco reunimos a la gente e hicimos oración con nuestro obispo, con los sacerdotes. Celebramos una misa. No habíamos llevado el mantel del altar. Una hermana cortó su escapulario y lo puso sobre una mesita. Celebramos así la misa, en el jardín. La gente lloraba”.

Hacinadas como estaban ellas mismas en su convento de Ankawa, estas valientes mujeres encarnaban lo que implica ser madres espirituales, entregándose al servicio de los perseguidos fueron organizando a la comunidad… “A día de hoy, las hermanas siguen con los desplazados, les han acompañado a todos los pueblos en los que se han ido distribuyendo. Fuimos con ellos de dos en dos para acompañarles, para no dejarles solos y que no se sintieran tan dispersos, pues pensamos que el sufrimiento quizá tocaría su fe y perderían su fe en Dios, en la comunidad cristiana, en la Iglesia...”.


Así la vida tomó entre los refugiados un pequeño brillo de esperanza, aferrados a su fe, arropados por la solidaridad de las hermanas que sufrían con ellos. La fortaleza, dice Sabria, la encontraban “con la oración, la misa, los sacramentos...” Bautizando a los niños, formando a los novios, los matrimonios, la Primera Comunión, estando en los funerales… nutriendo desde los sacramentos “Dios nos dio fuerza”, puntualiza.

Hasta dar la vida si fuera necesario
Viviendo así con pasión su consagración, recuerda que se olvidaban de sí mismas. “No pensamos en ninguna otra cosa que no fuera en la gente: para que no perdieran su fe, para que fueran fieles a su fe, y conservaran esa fe que habían recibido de sus padres y madres”.

Dieciocho hermanas han fallecido desde que inició la huida, cuenta Sabria. Dieciocho testigos fieles que no temieron el agotamiento, ni la enfermedad, ni a los terroristas del Daesh. Ella ofrecieron sus vidas al Señor para que la bendición de Dios descendiera sobre su pueblo golpeado por la persecución y el sufrimiento… “Las hermanas estaban muy, muy preocupadas por los cristianos. Pensaban en la gente, veían a la gente sufriendo en esta desgracia. Una de ellas, que tenía casi 82 años, me pidió: ‘Hermana Sabria, te pido ir contigo para ver a esta gente. No puedo soportar estar aquí en el convento y saber que la gente está sufriendo’. Lloraba y lloraba. Me acompañó, y vio a la gente rezando ante una estatua de la Virgen. Estaban todos rezando en la plaza. Ella, al ver esto, murmuró: ‘Madre mía’. Volvió a casa y lloraba, lloraba. Cuando murió, encontramos un papel en el que había escrito: ‘No puedo soportar ver el sufrimiento de la gente. Prefiero morir en su lugar”. La hermana Sabria llora. Pero de inmediato se toma fuerzas y continúa el relato… “Las hermanas ancianas rezaban mucho, muchos rosarios durante el día, rezaban y rezaban. Nos esperaban cuando volvíamos a la casa: ‘Contadnos, hermanas. ¿Qué habéis hecho hoy? ¿Qué habéis visto?’ Cada día querían escucharnos, saber qué habíamos hecho, cómo estaba la gente”.

La Iglesia que ora es la Madre de los perseguidos
También en Iraq no son los poderosos del mundo, ni su gobierno, sino la comunidad creyente de los fieles, la Iglesia allí presente, quienes muestran el rostro compasivo de Dios a los perseguidos…

“Realmente la Iglesia se ha preocupado de la gente. Pero no hemos visto esta preocupación en el gobierno… estaban dispersos y perdidos y no sabían qué hacer, pero la Iglesia les ha reunido, les ha acompañado, ha hecho que esta gente no perdiera sus valores cristianos y su fe. Damos muchas gracias a Dios y a la Iglesia, y pedimos a Dios que conserve así a la Iglesia, este celo de los sacerdotes y de los obispos y los patriarcas. Damos gracias a Dios y a ellos, por la forma en que han cuidado de la gente”.



¿De dónde han sacado la fuerza para entregarse así? La respuesta de la hermana Sabria no viene sino a confirmar lo que millones por siglos han vivido… “De la oración, de la Santa Misa, de recitar cada día el Santo Rosario con la gente, en los campos. (…) La oración nos ha fortalecido mucho. Solo la oración, solo, solo la oración nos ha hecho tan fuertes. Hemos compartido una verdadera cruz. Hemos vivido el Calvario. Podemos decir, el Viernes Santo. Realmente hemos vivido así este tiempo. Esperamos poder resucitar como Cristo resucitó”.

sábado, 18 de marzo de 2017

Santo Evangelio 18 de Marzo 2017


Día litúrgico: Sábado II de Cuaresma

Santoral 18 de Marzo: San Cirilo de Jerusalén, obispo y doctor de la Iglesia

Texto del Evangelio (Lc 15,1-3.11-32): En aquel tiempo, viendo que todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos». Entonces les dijo esta parábola. «Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: ‘Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde’. Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’. Y, levantándose, partió hacia su padre. 

»Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado’. Y comenzaron la fiesta. 

»Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: ‘Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano’. Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: ‘Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!’ Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado’».


«Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti»
Rev. D. Llucià POU i Sabater 
(Granada, España)



Hoy vemos la misericordia, la nota distintiva de Dios Padre, en el momento en que contemplamos una Humanidad “huérfana”, porque —desmemoriada— no sabe que es hija de Dios. Cronin habla de un hijo que marchó de casa, malgastó dinero, salud, el honor de la familia... cayó en la cárcel. Poco antes de salir en libertad, escribió a su casa: si le perdonaban, que pusieran un pañuelo blanco en el manzano, tocando la vía del tren. Si lo veía, volvería a casa; si no, ya no le verían más. El día que salió, llegando, no se atrevía a mirar... ¿Habría pañuelo? «¡Abre tus ojos!... ¡mira!», le dice un compañero. Y se quedó boquiabierto: en el manzano no había un solo pañuelo blanco, sino centenares; estaba lleno de pañuelos blancos.

Nos recuerda aquel cuadro de Rembrandt en el que se ve cómo el hijo que regresa, desvalido y hambriento, es abrazado por un anciano, con dos manos diferentes: una de padre que le abraza fuerte; la otra de madre, afectuosa y dulce, le acaricia. Dios es padre y madre...

«Padre, he pecado» (cf. Lc 15,21), queremos decir también nosotros, y sentir el abrazo de Dios en el sacramento de la confesión, y participar en la fiesta de la Eucaristía: «Comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida» (Lc 15,23-24). Así, ya que «Dios nos espera —¡cada día!— como aquel padre de la parábola esperaba a su hijo pródigo» (San Josemaría), recorramos el camino con Jesús hacia el encuentro con el Padre, donde todo se aclara: «El misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado» (Concilio Vaticano II). 

El protagonista es siempre el Padre. Que el desierto de la Cuaresma nos lleve a interiorizar esta llamada a participar en la misericordia divina, ya que la vida es un ir regresando al Padre.

Juan era maestro de reiki, vivió una terrible experiencia y hoy alerta del gran peligro que conlleva


Contó su testimonio de conversión en la Vigilia Asalto al Cielo

Juan era maestro de reiki, vivió una terrible experiencia y hoy alerta del gran peligro que conlleva

Juan Sánchez contó su experiencia como maestro de reiki y su conversión en la Vigilia de Asalto al Cielo
Juan era maestro de reiki, vivió una terrible experiencia y hoy alerta del gran peligro que conlleva


El reiki y la Nueva Era (New Age) están cada vez más extendidas en la sociedad por el bienestar físico y mental que producen pese a que cada vez son más los que alertan de que tras esto lo que de verdad ocurre es que se abre la puerta al demonio. Incluso entre los católicos es un gran problema pues estas técnicas se disfrazan de tal manera que se venden como algo bueno y son adoptadas por muchos fieles, también por consagrados. Y sus efectos son devastadores.

De esto sabe y mucho, Juan Sánchez, es maestro de reiki que durante años introdujo en estas y otras técnicas a más de 1.500 personas. Y mientras lo hacía, él creía ser católico, era catequista y participaba en la parroquia, aunque en realidad se había hecho una religión a su medida en la que él era su propio dios.

Finalmente pudo ver la verdadera cara del mal que se esconde tras el reiki y tuvo una verdadera conversión que le llevó a la Iglesia. Su testimonio lo contó en la Vigilia de Asalto al Cielo, que organiza el padre Álvaro Cárdenas en la parroquia de Colmenar de Arroyo (Madrid).

La New Age se vende como algo bueno...pero cuidado
A sus 59 años, Juan está ahora retirado de la Armada y llegó al reiki tras intentar curar unas dolencias que tenía y que le podían impedir seguir con su trabajo. Se inició en terapias naturales para lo que se hizo naturologo y llegó a abrir una consulta. Haciendo estos cursos, “empecé a escuchar cosas de la Nueva Era, técnicas que parecían maravillosas, y yo entonces era una esponja y comencé a interesarme por un sinfín de técnicas”.

Con la comunión de su hijo volvió a integrarse en la parroquia, de la que formalmente no se separaría aunque en la realidad fuera un alejado. Fue en ese momento cuando descubrió el reiki por casualidad. Juan recuerda que “me impactó, lo presentaron como algo tan bonito…podía sanar a la gente, era fantástico para mis consultas y encima podía beneficiarme. Me lo presentaron como algo esotérico y ahí debí sospechar pero era como los fanáticos y yo lo veía como algo estupendo”.



Fuerzas que vienen del demonio
Así fue como accedió al primer nivel del reiki. “Había contactado con un maestro de reiki en Torre Pacheco (Murcia), allí me convertí en médium pues cuando accedemos a muchas de estas terapias estamos llamando a fuerzas que no vienen de Dios”.

Para explicar a los presentes en qué consiste el reiki, Juan Sánchez dijo que es una “canalización de energía por imposición de manos” pero no como la que realiza un sacerdote. “Se llama a una energía que nadie conoce su procedencia, bueno sí se sabe, pero no se quiere conocer. Viene del diablo”, contaba.

Y es que por experiencia propia puede decir que mediante el reiki se “producen curaciones que luego pasan facturas muy grandes. El reiki se divide en varios niveles. El primero a es nivel físico, hace falta que esté la persona presente para hacerle ese esoterismo. Se me enseñó un símbolo que es abrir la puerta al diablo para hacer una llamada de energía que no viene de Dios”.

Del primer nivel a la maestría
De ahí pasó a un segundo nivel. “Nos representaban a los guías reiki como ángeles de la guarda pero no eran más que demonios a los que estaba invocando”, alertaba Juan. En este nivel, ya no hace falta que esté la persona delante para que se le pueda aplicar esta “energía”. Y los símbolos que le enseñaron eran dos, uno que entra dentro de la mente de la persona, también a distancia pero también en el pasado y el futuro.

El demonio, recuerda le iba engañando a través de estas prácticas, pues “las terapias eran mucho más efectivas cuando practicaba reiki” y pasó a formar parte de su vida diaria mientras él seguía acudiendo a la parroquia.

Pero necesitaba más y buscó llegar al máximo nivel, la maestría. “Estaba dispuesto a pagar hasta un millón de pesetas (hablamos de 1999) para lograr la maestría”.

Estando de vacaciones unos amigos le hablaron de un maestro de reiki y contactó con él para que le diera la maestría. Y finalmente lo consiguió. “Ya era jefe de los médium y yo podía iniciar a otros a ser uno. Había entregado toda mi vida al demonio aunque él ponía todo muy bonito”, contaba a los presentes en la parroquia de Colmenar de Arroyo.

Llegó a iniciar a monjas y curas
Siendo ya maestro empezó a impartir cursos gratis. Primero una tarde a la semana y después varios días. Hasta 1.500 personas llegó a iniciar durante sus años como maestro. Hasta escribió un libro. Y recordaba que mientras hacía esto era catequista, daba cursillos prematrimoniales e incluso estudiaba Teología.

Con ello quería alertar a los católicos ante estas prácticas que muchas veces se presentan como algo bueno. “Llegué a iniciar a varias consagradas e incluso consagrados. Una de estas consagradas llegó a la maestría de reiki”, contaba Juan, que dijo que aún hoy esta religiosa sigue defendiendo sus bondades pese a que le explicó su conversión y los males del reiki.



Uno de los 'ganchos' del reiki es la gente que acude buscando un "bienestar físico"

Sin embargo, en la parroquia intentaban disuadirle de lo que hacía. Un diácono amigo suyo le entregó un documento de los obispos de Estados Unidos sobre el reiki, aunque “mi contestación fue que los obispos estaban equivocados”. Y un sacerdote le insistía una y otra vez que lo dejara. Ese cura es hoy su párroco y su director espiritual.

El día que vio al demonio haciendo reiki
Juan contó a los presentes una “anécdota” sobre el peligro del reiki y que también le hizo reflexionar sobre si debía seguir practicándolo. Esto es lo que ocurrió:

“Estaba haciendo una sesión de reiki a la señora. Ella quería solo que le hiciera reiki. Aquella persona se transformó, le empezaron a dar espasmos bestiales y mientras yo no sabía qué hacer. Su cara se transformó, era una cara diabólica. Si habéis visto la película de El Exorcista, pues la cara que vi en la habitación de mi casa en esa señora era peor”.

Dos minutos después esta mujer se calmó y finalizaron la sesión pero ella no se acordaba absolutamente de nada de lo que le había ocurrido. “Después de dejar el reiki comprendí esto, que si no había sido una posesión era una influencian demoníaca”, confesaba Juan en Asalto al Cielo.

Un retiro espiritual que le cambió la vida
Tras las insistencias del sacerdote, Juan acudió a un retiro espiritual para aclarar un poco su mente. Y su vida cambió a partir de ese momento. Durante aquel fin de semana se pasó la mayor parte del tiempo delante del Sagrario. Las Escrituras le hablaban de su realidad. “En ese momento Dios tocó la puerta de mi corazón de una manera tremenda. Empezó a convertir mi corazón de piedra, primero en arena hasta el que el sábado me dio la puntilla. Tienes que dejarlo, sentí. Aquella noche confesé delante de todos mi decisión de dejar el reiki”.


Antes de empezar su testimonio, Juan pidió al padre Álvaro Cárdenas que le impusiera las manos, una imposición completamente diferente a las que se hacen en el reiki

La carta con la que dejaba de enseñar reiki
Al llegar a casa el domingo escribió una carta a todos sus clientes anunciándoles que dejaba el reiki y avisando a los católicos de los peligros que entrañaba. Muchos no le comprendieron e incluso le criticaron.

“A partir de ahí comencé una vida de oración para salir de este siniestro mundo y ahora estoy muy feliz”, afirmaba Juan Sánchez.

Su conversión y la de una de sus alumnas
Después ingresó en la Renovación Carismática y también ha acudido a uno de los Retiros de Emaús y desde entonces, recordaba, “mi vida ha cambiado mucho”. La oración y el rezo del Rosario le ayudaron a salir de la New Age. Y ahora tiene un blog en el que alerta sobre lo que se esconde tras el reiki.

Para concluir, Juan dio gracias a Dios porque una de sus alumnas al leer su carta en la que dejaba el reiki tuvo un tiempo de reflexión. Al final lo dejó y al escuchar una de sus conferencias dejó también el yoga. “Con la ayuda de un sacerdote comenzó un camino de conversión y hoy tiene una vida de profunda fe”.

viernes, 17 de marzo de 2017

Santo Evangelio 17 de Marzo 2017


Día litúrgico: Viernes II de Cuaresma

Santoral 17 de Marzo: San Patricio, obispo (Patrono principal de Irlanda)

Texto del Evangelio (Mt 21,33-43.45-46): En aquel tiempo, Jesús dijo a los grandes sacerdotes y a los notables del pueblo: «Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». 

Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable y arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo: se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos». 

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. Y trataban de detenerle, pero tuvieron miedo a la gente porque le tenían por profeta.


«La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido»
Rev. D. Melcior QUEROL i Solà 
(Ribes de Freser, Girona, España)



Hoy, Jesús, por medio de la parábola de los viñadores homicidas, nos habla de la infidelidad; compara la viña con Israel y los viñadores con los jefes del pueblo escogido. A ellos y a toda la descendencia de Abraham se les había confiado el Reino de Dios, pero han malversado la heredad: «Por eso os digo: se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos» (Mt 21,43).

Al principio del Evangelio de Mateo, la Buena Nueva parece dirigida únicamente a Israel. El pueblo escogido, ya en la Antigua Alianza, tiene la misión de anunciar y llevar la salvación a todas las naciones. Pero Israel no ha sido fiel a su misión. Jesús, el mediador de la Nueva Alianza, congregará a su alrededor a los doce Apóstoles, símbolo del “nuevo” Israel, llamado a dar frutos de vida eterna y a anunciar a todos los pueblos la salvación.

Este nuevo Israel es la Iglesia, todos los bautizados. Nosotros hemos recibido, en la persona de Jesús y en su mensaje, un regalo único que hemos de hacer fructificar. No nos podemos conformar con una vivencia individualista y cerrada a nuestra fe; hay que comunicarla y regalarla a cada persona que se nos acerca. De ahí se deriva que el primer fruto es que vivamos nuestra fe en el calor de familia, el de la comunidad cristiana. Esto será sencillo, porque «donde hay dos o más reunidos en mi nombre, yo estoy allí en medio de ellos» (Mt 18,20).

Pero se trata de una comunidad cristiana abierta, es decir, eminentemente misionera (segundo fruto). Por la fuerza y la belleza del Resucitado “en medio nuestro”, la comunidad es atractiva en todos sus gestos y actos, y cada uno de sus miembros goza de la capacidad de engendrar hombres y mujeres a la nueva vida del Resucitado. Y un tercer fruto es que vivamos con la convicción y certeza de que en el Evangelio encontramos la solución a todos los problemas.

Vivamos en el santo temor de Dios, no fuera que nos sea tomado el Reino y dado a otros.

Nena Daconte: «Cuanto más voy a misa, más creo en Dios; y cuánto más rezo, más fe tengo»


La cantante, ahora madre de dos hijos, fue perseguida por cantar en una marcha provida

Nena Daconte: «Cuanto más voy a misa, más creo en Dios; y cuánto más rezo, más fe tengo»

Nena Daconte volverá a los escenarios tras su doble maternidad y con una fe reforzada

Nena Daconte: «Cuanto más voy a misa, más creo en Dios; y cuánto más rezo, más fe tengo»


Mai Meneses, conocida en el mundo de la música como Nena Daconte, tiene en su haber una de las canciones más conocidas y más cantadas en la última década, "Tenía tanto que darte...". Con un disco de oro a sus espaldas ha pasado cinco años lejos del mundo del espéctaculo tras la enorme polémica que se generó por su actuación durante una marcha por la vida. Fue tal el aluvión de insultos que recibió que decidió dar un paso atrás.

En este tiempo, ha formado una familia, tiene dos hijos y ha reforzado muchísimo su fe. Y si pudiera volver atrás y elegir de nuevo si cantaría en ese acto provida, lo volvería a hacer. En una entrevista con José Antonio Méndez en la Revista Misión habla de aquella polémica, de su vida de fe y de la maternidad:

- Mi hijo de cinco años no sabe que estudió Derecho, ni que viene de una familia de notarios, pero cuando le planteé qué le preguntaría él, me dijo: “¿Y por qué a ella le gusta cantar?”
- [Ríe] Porque me relaja muchísimo. Cuando tenía seis años empecé a ir a clase de canto, y mi profesora estaba casada con un mulato que se paseaba con un tití en el hombro. Al verlo, pensaba: “¡Oooh, dedicarse a la música tiene que ser guaaay!”. En realidad, hasta que no entré en Operación Triunfo –que para mí fue “Operación Fracaso”, porque me expulsaron la primera de la segunda edición– no tenía ni idea de esta profesión. Para mí cantar es un camino que me hace mejor persona, tanto en bondad como en sabiduría.

- Explíqueme esto mejor...
- He llegado a la conclusión de que, cuanto más cerca estoy de mi interior, más llega lo que canto. A mí me gusta meter voz y hacer virguerías, y resulta que eso no llega, sino que mi música toca cuando meto lo más íntimo.

- Ha sido varias veces Número 1 en ventas, es Disco de Oro, algunas de sus canciones tienen millones de visitas en YouTube… ¿Cuesta mantener la cabeza fría al alcanzar la fama?
- Es difícil. Yo me volví superinsegura. En lugar de pensar en las circunstancias que me habían llevado ahí, escuchaba mis canciones y pensaba: “No son tan buenas; no merezco tanto”. La verdad es que lo pasé mal. Pero el tiempo y la maternidad me ha hecho separarme de todo y volver al escenario con una seguridad que ojalá hubiese tenido antes.

- Acaba de actuar en dos conciertos solidarios, en Aranjuez y en la Universidad Francisco de Vitoria, y colabora con causas benéficas. ¿Por qué?
- Me gusta ayudar, me da alegría y satisfacción. Como artista es lo menos que puedo hacer. No tengo tiempo para ser voluntaria y dedicarme a ayudar sobre el terreno, así que cuando me piden ayuda, investigo qué hace esa fundación o esa ONG, y me implico. Cantaría gratis todos los días, pero hay que comer.


- También cantó en una marcha provida en 2012. Lo políticamente correcto hubiera sido posicionarte a favor del aborto. ¿Por qué se arriesgó?
- Uno de los organizadores de aquel acto anunció que yo actuaría antes de que lo hubiese confirmado. Cuando salió en los medios, mucha gente me llamó para decirme: “¡No cantes! Escribe un comunicado y di que ha sido un error”. Otros, de la profesión, me decían: “Como estás embarazada, invéntate una excusa”.

En Twitter me pusieron a parir durante tres semanas. Me dijeron de todo. Ver tantas reacciones contra el hecho de que cantara, me hizo entender que lo que tenía que hacer era, precisamente, cantar. Me parecía increíble que un artista no pudiera defender una causa como esa. Pensé: “Canto y me juego el cuello. Y si por esto hay gente que no me sigue, pues que no me siga”. Y actué. Luego escribí una canción, “Causas perdidas”, que expresa el enfado contra todos los modernos que van de progres y de tolerantes por la vida, y que si no opinas lo mismo que ellos te hunden y te machacan.

- En esa canción comienza diciendo: “Nací en un país dividido”…
- Sí, y nuestra generación no tendría por qué sentir eso. Somos muy jóvenes, hemos nacido con la Constitución, pero en estos temas, sin embargo, no se puede opinar diferente. En el tiempo que hemos estado de elecciones constantes, cuando surgieron Podemos y otros partidos, la gente de derechas estaba muy asustada porque la izquierda se estaba radicalizando muchísimo.

- ¿Qué opina del aborto?
- Abortar es algo malo. Quienes defienden el aborto dan razones desmoralizándolo: “Es una célula, o como si te sacaran una muela...”. Eso no es verdad: ahí hay un ser humano, hay una vida que se interrumpe. Puedo llegar a entender que haya una ley que contemple una serie de causas por las que una madre pueda abortar, y que tenga con su conciencia los conflictos que sea, pero lo que ha hecho sigue estando mal.

- ¿“Tenía tanto que darte” está compuesta tras un aborto?
- Es una canción de amor. Cuando la canté el Día de la Vida lo hice porque sabía que para mucha gente significaba eso. Pero a otras personas les ha servido para poner palabras a sus sentimientos tras perder a un ser querido, o a una relación que no les hubiera gustado acabar. Me gusta explicar ciertas canciones; otras, como esta, tienen muchos dueños y prefiero que cada uno la interprete como quiera.



- ¿Volvería a actuar en aquel concierto?
- Sí. Aunque, antes del parón, me lo habría pensado. Paré porque quería estar tranquila; no me compensaban tantas críticas y ataques. Sé hacer otras cosas, así que me puedo dedicar a algo que no sea la música y que no me haga sufrir. Ahora vuelvo porque me importa un bledo lo que digan en Twitter. Pero ha habido épocas duras.

- ¿A qué se ha dedicado en este tiempo?
- A mi familia. También he estudiado interiorismo y paisajismo, y he tenido varios clientes. Era gracioso cuando algunos me reconocían y se extrañaban al verme, yo que sé, buscando precios de pérgolas. Pero prefiero trabajar haciendo jardines que verme sufriendo por mantener la fama. Además, ¡he aprendido mucho de plantas! [Ríe]

- ¿Se puede hacer un parón profesional para dedicarse a la familia, sin convertirse en la caricatura de una marujona?
- ¡Sí! Yo me he dedicado a llevar y traer a mis hijos al cole, a hacerles la comida, la merienda, la cena… La verdad es que he sido una marujona total ¡y feliz!


 
- ¿Cómo le ha cambiado ser madre?
- Me ha dado más peso… ¡en todos los sentidos! Me ha dado madurez y me ha enseñado lo que es el amor de verdad.

- ¿Y el matrimonio?
- Al casarme cerré la puerta de la inestabilidad emocional para estar tranquila y disfrutar de mi marido, de mi familia, de hacernos mayores. Después de casarme dejé de componer canciones dramáticas porque no encontraba esos sentimientos en mi corazón. En mi próximo disco vuelvo a abrir esa puerta porque después de alguna discusión voy guardando el recuerdo de esos sentimientos para poder componer. [Más risas].

- ¿Qué le gustaría que pensaran sus hijos cuando escuchen sus discos?
- Quiero que se sientan orgullosos de su madre. Les podrá no gustar mi música, eso no me importa, pero quiero que puedan pensar: “Mi madre es cantante, o paisajista, o lo que sea, y es una mujer fuerte, luchadora, trabajadora, alegre”.

- Canta a la vida sencilla e imperfecta, pero con optimismo…
- Siempre he tenido mucho sentido del humor y un puntito cínico que me salva de la depresión. Es cierto que me inspira mucho la parte triste de la vida, pero soy como un payaso: aunque tenga dramas por dentro, estoy alegre por fuera.

- Usa expresiones como “levanta la mirada”, “mira alto”… ¿Cree en Dios?
- Sí. He tenido épocas duras en las que no he creído, o estaba enfadada con Él. Pero ahora puedo decir que sí: creo en Dios y voy a misa. Y cuanto más voy a misa, más creo en Dios; y cuánto más rezo, más fe tengo. Me gusta ir a misa de niños con mis hijos y oír que Dios es mi amigo, y que si no quedo con Él, se enfría la fe, como en cualquier relación.

- ¿Qué le da ese contacto con Dios?
- Fuerza. Cuando pasan cosas malas, o que parecen imposibles de afrontar, al rezar vuelvo a recuperar la energía y la confianza en Él.

- Decía san Agustín que “el que canta, ora dos veces”. ¿Reza cantando?
- No. Rezo las oraciones que me sé y hablo con Él de mis cosas. Lo que sí he cambiado ha sido que, en lugar de pedir y pedir, ahora doy gracias a Dios por lo que tengo. Eso me hace tener una visión más positiva y realista de la vida.

- ¿Creer en Dios abre o cierra puertas en el mundo del espectáculo?
- No te abre ninguna. Yo esto no suelo contarlo. En un medio público, te lo estoy contando a ti por primera vez. Es más cool ser ateo y progresista, pero yo creo en Dios, y eso que por mi entorno muestro ser muy moderna. En España parece que no podemos tener creencias religiosas, pero ya me da igual. También he hablado indirectamente de la fe en algunas de mis canciones, sobre todo de los momentos de oscuridad que he tenido.

- ¿En cuál y por qué?
- En “El halcón que vive en mi cabeza” hablo de esa oscuridad, que da miedo.



- ¿Y cómo salió de ella?
- Me costó mucho. Esto tampoco se lo he contado a casi nadie, pero después de vivir en Barcelona, antes de casarme, me volví a Madrid a casa de mis padres porque estuve muy malita.

- ¿Qué le pasó?
- Digamos que en la gira me pasé un poco con… de todo. Eso te descompensa químicamente, y si encima eres una persona de pensar mucho, la cosa empeora. De algo así se sale con tiempo, yendo al médico y haciendo piña con la gente que te quiere de verdad. Yo volví a casa con mis padres... y a Dios. Después de dos hijos entiendo y quiero mucho más a mi madre, porque yo he sido superrebelde.

- La expulsaron a la primera de OT… pero sacó su primer single. Cuando fue a ver a los productores de su último disco la echaron hasta que tuviera 20 canciones más… y volvió con ellas. ¿La tenacidad es parte del éxito?
- La tenacidad, el trabajo y creer en uno mismo. En cualquier profesión, trabajar da resultados. Igual que en la vida: si tienes un problema y lo analizas y lo trabajas, consigues resultados. Luego está hacer lo que te gusta y no escuchar a casi nadie, porque todo el mundo opina diferente sobre cómo hacer las cosas. Está bien escuchar para aprender, pero tienes que tomar tú la última decisión.

- Para terminar: ¿Hay algo que no le haya preguntado y quiera decir?
- Sí. Me gustaría invitar a la gente a escuchar más canciones de mi repertorio, además de “Tenía tanto que darte”. Hay canciones bonitas que pueden ayudar y hacer disfrutar. Para eso canto.