viernes, 8 de diciembre de 2017

Pura, inocente, santa, Inmaculada




PURA, INOCENTE, SANTA, INMACULADA

Por Antonio García-Moreno

1.- MADRE DE LOS QUE VIVEN.- "El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven" (Gn 3, 20) El nombre en la Biblia define a la persona nombrada. De tal forma que ultrajar ese nombre es ofender a la persona llamada con él. Muchas veces es una descripción perfecta del destino de dicha persona. En el caso de nuestro primer padre, al hombre le llama Adán, nombre que significa tierra roja o barro, y a la primera mujer la llama Eva que significa la que da la vida, la que es madre de cuantos viven.

El demonio la engañó y ella engañó al hombre, instigándole a cometer el primer pecado, llamado original por cometerse en el origen de la Historia. Ese pecado pasó a la descendencia de Adán y Eva. Es decir, todos los humanos nacen con dicho pecado. Sin embargo, hubo una excepción, vaticinada de alguna forma en este relato cuando se dice que la serpiente es pisada por la estirpe de la mujer. En ese momento se entrevé la figura de María Inmaculada, concebida sin mancha de pecado original, en previsión de los méritos de Cristo.

2.- LLAMADOS A LA SANTIDAD.- "Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por amor" (Ef 1, 4) En la fiesta de María Inmaculada se nos recuerda que también nosotros, como nuestra Madre, hemos de ser santos e irreprochables. Ese es proyecto que nuestro Dios y Señor tuvo desde siempre sobre cada uno de los hombres. Todos, sin excepción alguna, estamos por tanto llamados a la santidad. Y a serlo no a los ojos de los hombres, sino ante la mirada amorosa de nuestro Padre Dios.

A esto estamos destinados, insiste el Apóstol, por decisión del que lo hace todo según su voluntad. Esta verdad llena de gozo a San Pablo que comienza su carta a los Efesios alabando al Señor y recordando que nosotros, si somos fieles a la llamada divina, también seremos una alabanza de su gloria. Intentemos de nuevo ser santos de verdad. Hoy es buena ocasión para pedírselo a Santa María, la Sin-pecado.

3.- AVE MARÍA, GRATIA PLENA.- "El ángel, entrando a su presencia, dijo: Alégrate, llena de gracia..." (Lc 1,28) Al saludar el arcángel Gabriel a la Virgen, la llama Llena de gracia, y no la muy favorecida o agraciada como algunos traducen. "Kecharitomene" dice el texto original griego de San Lucas, expresión que, desde los primeros tiempos, tradujeron los cristianos por "Gratia plena", la “Llena de gracia”. De esta forma se traducía con fidelidad el sentido profundo del piropo del arcángel, lleno de admiración ante la perfección y santidad de María.

Con razón canta la liturgia diciendo en una de sus más inspiradas antífonas: "Toda hermosa eres María, y en ti no hay mancha de pecado original". En efecto, así es. Nuestra Madre fue concebida sin mancha de pecado, en ella nunca tuvo parte el demonio. En previsión de los méritos de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, María fue siempre pura, inocente, santa, inmaculada.

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