jueves, 23 de junio de 2016

Santo Evangelio 23 de Junio 2016


Día litúrgico: Jueves XII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 7,21-29): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!’. 

»Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina».

Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.

«No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos»
Rev. D. Joan Pere PULIDO i Gutiérrez Secretario del obispo de Sant Feliu 
(Sant Feliu de Llobregat, España)


Hoy nos impresiona la afirmación rotunda de Jesús: «No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial» (Mt 7,21). Por lo menos, esta afirmación nos pide responsabilidad en nuestra condición de cristianos, al mismo tiempo que sentimos la urgencia de dar buen testimonio de la fe.

Edificar la casa sobre roca es una imagen clara que nos invita a valorar nuestro compromiso de fe, que no puede limitarse solamente a bellas palabras, sino que debe fundamentarse en la autoridad de las obras, impregnadas de caridad. Uno de estos días de junio, la Iglesia recuerda la vida de san Pelayo, mártir de la castidad, en el umbral de la juventud. San Bernardo, al recordar la vida de Pelayo, nos dice en su tratado sobre las costumbres y ministerio de los obispos: «La castidad, por muy bella que sea, no tiene valor, ni mérito, sin la caridad. Pureza sin amor es como lámpara sin aceite; pero dice la sabiduría: ¡Qué hermosa es la sabiduría con amor! Con aquel amor del que nos habla el Apóstol: el que procede de un corazón limpio, de una conciencia recta y de una fe sincera».

La palabra clara, con la fuerza de la caridad, manifiesta la autoridad de Jesús, que despertaba asombro en sus conciudadanos: «La gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas» (Mt 7,28-29). Nuestra plegaria y contemplación de hoy, debe ir acompañada por una reflexión seria: ¿cómo hablo y actúo en mi vida de cristiano? ¿Cómo concreto mi testimonio? ¿Cómo concreto el mandamiento del amor en mi vida personal, familiar, laboral, etc.? No son las palabras ni las oraciones sin compromiso las que cuentan, sino el trabajo por vivir según el Proyecto de Dios. Nuestra oración debería expresar siempre nuestro deseo de obrar el bien y una petición de ayuda, puesto que reconocemos nuestra debilidad.

-Señor, que nuestra oración esté siempre acompañada por la fuerza de la caridad.

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miércoles, 22 de junio de 2016

Cada vez más laicos toman responsabilidades evangelizadoras en las ciudades: son misioneros urbanos

Cada vez más laicos toman responsabilidades evangelizadoras en las ciudades: son misioneros urbanos

párrocos deben encauzar los dones que Dios da a sus feligreses

Cada vez más laicos toman responsabilidades evangelizadoras en las ciudades: son misioneros urbanos

Las parroquias necesitan laicos que complementen la labor espiritual que los sacerdotes realizan con las personas


Cada vez son más los laicos que ayudan en sus parroquias y a los párrocos, con las tareas de evangelización: catequesis, grupos y forman parte de asociaciones eclesiásticas. La Revista Misión recoge algún testimonio de estos laicos. El objetivo es poner al servicio de la Iglesia los dones de cada uno para mostrarlos a los demás.

Evangelizadores urbanos
“Ir a las periferias existenciales” es la frase que mejor resume el carisma de los Misioneros Urbanos de Jesucristo (MUJ), una asociación pública de fieles cuyo objetivo es formar orientadores parroquiales que “acompañen a las almas en las parroquias y complementen la labor espiritual que los sacerdotes realizan con las personas”, señala Carlos Vázquez, iniciador de los MUJ.

"Ayudamos a todo aquel que se acerque a la parroquia a que pueda cumplir la voluntad de Dios para su vida, y esto pasa por amar a Dios sobre todas las cosas”.

Los MUJ y los orientadores formados por ellos para este cometido son personas que saben comprender en nombre de Jesucristo, consolar en nombre de Jesucristo –lo cual despierta, poco a poco, en el orientado, la esperanza– y, finalmente, acompañar en nombre de Jesucristo. Para lograrlo, Vázquez explica que los MUJ “les ayudan a vivir la verdadera caridad”. 

En España, la asociación está ya presente en Madrid, Málaga, Valencia y Valladolid. En el resto del mundo, se encuentra en Argentina, Canadá, Chile, Colombia, Estados Unidos, Italia, México, Panamá y Puerto Rico.

Los laicos en la Iglesia
Este protagonismo de los laicos tiene que ver, por un lado, con que “los sacerdotes, llegamos hasta donde llegamos”, reconoce Alfredo Jiménez, párroco de Nuestra Señora del Buen Suceso, en Ma drid. Por eso, señala que la comunión entre el equipo de sacerdotes es crucial, pero también lo es con la comunidad parroquial. Así, la parroquia se trasforma en una auténtica “familia de familias” –como la ha denominado el Papa Francisco en Amoris laetitia– “donde se armonizan los aportes de las pequeñas comunidades, movimientos y asociaciones eclesiales” (n. 202).


Por otro lado, el Concilio Vaticano II tornó los papeles en la Iglesia. Desde entonces, el sacerdote, considerado el protagonista de la evangelización, pasa a ser el servidor del Pueblo de Dios, cuya misión es ser luz en medio del mundo. El Papa Francisco lo recuerda en Evangelii gaudium (n.120): “La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados. Esta convicción se convierte en un llamado dirigido a cada cristiano, para que nadie postergue su compromiso con la evangelización”. Por tanto, el sacerdote, como pastor, guía y orienta la diversidad de dones que nutren la parroquia, mientras que los laicos desempeñan tareas como, por ejemplo, atender a las personas que acuden a Cáritas.

A ello se dedica precisamente Carmen Rosa, voluntaria de Cáritas en la parroquia del Buen Suceso donde se asiste a más de 200 familias necesitadas. Ella se puso al servicio de su párroco hace treinta años, por su inquietud misionera, para “lo que mandara”, pero también porque “es en la Iglesia donde he recibido todo apoyo a lo largo de mi vida”.

 Poner los dones al servicio de la comunidad
“Cualquier don que tenga una persona es una necesidad para la parroquia”. Lo afirma el padre Daniel Navarro, vicario de la parroquia de San Germán, en Madrid, quien está convencido de que, para que las parroquias de nuestro tiempo sean luz en el barrio, necesitan de laicos y de familias que estén al servicio de la comunidad.

Porque, según Navarro, el papel de todo cristiano consiste en “llevar su amor al resto de la gente de cien mil formas diversas”. A estas “cien mil formas” se refiere el Papa Francisco en su exhortación apostólica Evangelii gaudium (n. 130): “El Espíritu Santo también enriquece a toda la Iglesia evangelizadora con distintos carismas. Son dones para renovar y edificar a la Iglesia. No son un patrimonio cerrado”. Al contrario: hacen posible la misión evangelizadora del Pueblo de Dios.


Descubrir la voluntad de Dios
“Todo compromiso nace del encuentro con Jesucristo. Algunas personas no se dan cuenta: el Señor apela a su responsabilidad, a sus sentimientos…; en todo caso, es de su encuentro con el Señor de donde brota toda colaboración”, añade Navarro.

Es el caso de Mateo, un feligrés de la parroquia de San Germán, que cuenta que, tras participar en un retiro de Emaús, “mi vida se transformó” y ahora, dedica su tiempo a atender a todo aquel que pasa por la recepción. Su párroco, don Enrique González Torres, añade el ejemplo de un feligrés que se dedicaba a las finanzas y a quien el encuentro con el Resucitado le suscitó la puesta en marcha de un economato.

Pero, para esta entrega generosa, en muchas ocasiones, es el párroco quien tiene que “despertar en sus fieles la llamada concreta de Dios para una misión”, señala el padre Gabriel Benedicto, párroco de la Virgen de la Paloma y san Pedro el Real, quien recuerda las preguntas de san Ignacio de Loyola: “¿Qué estoy haciendo por Cristo?, ¿qué debo hacer por Cristo?”.

El padre Benedicto opina que esta es la pregunta que debe hacerse todo laico para ayudar a la evangelización. “Se trata de que cada persona descubra que Dios la llama a hacer su voluntad y esa voluntad de Dios es que todos los hombres se salven; así, con este convencimiento, el que limpia, lo hace sabiendo que esta es su misión, igual que el que lee y el que canta en misa”.

Esta multiplicidad de dones visibles en una parroquia tiene su reflejo en los numerosos carismas que el Espíritu continúa suscitando en la Iglesia universal con el fin de renovarla y edificarla. Insertados en la vida de la parroquia, movimientos como Renovación Carismática, Camino Neocatecumenal, Legión de María, Vida Ascendente, Comunión y Liberación, o Acción Católica dan vida a las parroquias a la vez que muestran que en la casa del Padre tienen cabida todos sus hijos.


 
Todos caben en la Iglesia
En parroquias como la Virgen de la Paloma, los laicos están al frente de los grupos de catequesis para niños, jóvenes y adultos; de los cursillos de novios; de la pastoral de posconfirmación y del coro, así como del servicio de Cáritas, que, entre otros servicios, da apoyo escolar a jóvenes de familias sin recursos. “Como de la Iglesia nacen nuevas formas de divertirse”, señala el padre Gabriel Benedicto, la parroquia proponen a los jóvenes ligas deportivas, excursiones a la montaña o sesiones de cine. 

Este templo, ubicado en el centro de Madrid, cuenta con una “pastoral de acogida”, en la que los feligreses encargados reciben a todo turista que se acerque y le ofrecen un recorrido cultural y catequético por la parroquia.

Santo Evangelio 22 de Junio 2016


Día litúrgico: Miércoles XII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 7,15-20): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con disfraces de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos, ni un árbol malo producir frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los reconoceréis».

«Por sus frutos los reconoceréis»
+ Rev. D. Antoni ORIOL i Tataret 
(Vic, Barcelona, España)


Hoy, se nos presenta ante nuestra mirada un nuevo contraste evangélico, entre los árboles buenos y malos. Las afirmaciones de Jesús al respecto son tan simples que parecen casi simplistas. ¡Y justo es decir que no lo son en absoluto! No lo son, como no lo es la vida real de cada día.

Ésta nos enseña que hay buenos que degeneran y acaban dando frutos malos y que, al revés, hay malos que cambian y acaban dando frutos buenos. ¿Qué significa, pues, en definitiva, que «todo árbol bueno da frutos buenos (Mt 7,17)»? Significa que el que es bueno lo es en la medida en que no desfallece obrando el bien. Obra el bien y no se cansa. Obra el bien y no cede ante la tentación de obrar el mal. Obra el bien y persevera hasta el heroísmo. Obra el bien y, si acaso llega a ceder ante el cansancio de actuar así, de caer en la tentación de obrar el mal, o de asustarse ante la exigencia innegociable, lo reconoce sinceramente, lo confiesa de veras, se arrepiente de corazón y... vuelve a empezar.

¡Ah! Y lo hace, entre otras razones, porque sabe que si no da buen fruto será cortado y echado al fuego (¡el santo temor de Dios guarda la viña de las buenas vides!), y porque, conociendo la bondad de los demás a través de sus buenas obras, sabe, no sólo por experiencia individual, sino también por experiencia social, que él sólo es bueno y puede ser reconocido como tal a través de los hechos y no de las solas palabras.

No basta decir: «Señor, Señor!». Como nos recuerda Santiago, la fe se acredita a través de las obras: «Muéstrame tu fe sin las obras, que yo por las obras te haré ver mi fe» (Sant 2,18).

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martes, 21 de junio de 2016

El obispo Munilla dice que votar al mal menor ha de ser algo excepcional; si es habitual es perverso

El obispo Munilla dice que votar al mal menor ha de ser algo excepcional; si es habitual es perverso

El obispo Munilla dice que votar al mal menor ha de ser algo excepcional; si es habitual es perverso

José Ignacio Munilla es uno de los obispos con más presencia mediática... y habitual participante en Radio María

El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, uno de los prelados españoles más populares en Internet y muy conocido por su presencia en Radio María, ha querido realizar unas reflexiones basadas en la Doctrina Social de la Iglesia, de cara a las próximas Elecciones Generales que se celebrarán en España el domingo 26 de junio. 

Votar en conciencia...
Estas reflexiones las ha realizado en Radio María, en una alocución de 8 minutos en el programa “Sexto Continente” del pasado 3 de junio, en los que comenta la situación electoral y se reafirma en la obligación del cristiano debe votar en conciencia, votar buscando el bien, y que un cristiano solo puede votar al mal menor en ocasiones absolutamente excepcionales.

El mal menor debe ser algo excepcional
El obispo Munilla en este programa insiste: “Si se recurre al mal menor ha de ser algo 'excepcional'. No puede ser la fórmula habitual de presencia en la vida pública de un católico".

Y añade: "Si el recurso al mal menor es habitual, termina siendo algo perverso. Eso es lo que ha ocurrido en España".


Una pregunta de un oyente
La pregunta de un oyente comentaba específicamente que en las últimas elecciones escuchar los consejos de Munilla le habían ayudado a decidirse, en su caso, a votar en blanco, convencido de que el apoyo al aborto del PP no era un tema menor y dado que en su circunscripción no se presentaba ningún partido pequeño "que defendiese la vida de los no nacidos".

Pero ahora planteaba si estas elecciones de junio no eran equiparables a una segunda vuelta, en la que se debe elegir necesariamente entre los más votados. "¿No sería legítimo en este caso recurrir al principio del mal menor? ¿O por el contrario se sigue aplicando también el principio de que el voto en conciencia se ha de anteponer al voto útil?"

El obispo respondió: "La Iglesia no dirá nunca 'en este caso concreto has de votar a este' o 'has de votar en blanco', no". La Iglesia da unos principios de discernimiento para que un católico haga su aplicación concreta.

Después Munilla formuló un principio: "Hay que anteponer el voto en conciencia al voto útil".

Porque, dijo, "si los católicos renuncian a votar en conciencia y solo hacen voto útil 'por mal menor, por mal menor, por mal menor'... al final por el camino del mal menor llegan al mal mayor".

Y añadió: “Si se recurre al mal menor ha de ser algo 'excepcional'. No puede ser la fórmula habitual de presencia en la vida pública de un católico. Si tu forma habitual es el mal menor...¡es que al final nunca acabas de apostar por el bien! Si el recurso al mal menor es habitual, termina siendo algo perverso. Eso es lo que ha ocurrido en España, y ya hemos visto dónde nos ha llevado: a que todo el mundo piense lo mismo, que la ideología de género sea la doctrina común de todo el mundo... El pensamiento único: a eso hemos ido por el principio del mal menor".

¿Como si fuese una segunda vuelta?
Después comenta en este análisis que abstenerse -en el caso de estas elecciones en España- le parece poco compatible con la Doctrina Social de la Iglesia. También comenta que el sistema de segunda vuelta (que no existe en España pero sí en otros países) es una buena forma de que los votantes decidan quién gobierna al final, y no los partidos, con extrañas alianzas e intercambios.


Sobre la pregunta del oyente acerca de si es legítimo interpretar estas elecciones como una segunda vuelta comenta que puede ser legítimo interpretarlo así, pero igual de legítimo es interpretarlo de otra manera, por ejemplo, "un católico puede decir que en estas elecciones estamos igual que en las anteriores".

También podría ser legítimo tratar estas elecciones "como si se tratase de una segunda vuelta, y hacer una interpretación en base al mal menor. Bueno, creo que cada ciudadano tiene que ser él el que aplique el principio".

Después añade que para él "lo importante es que creamos en el principio de que el voto en conciencia tiene que estar por encima del voto útil y que el recurso al mal menor tiene que ser solamente excepcional. En este caso, esa excepcionalidad, ¿se da o no se da? Que lo decida en conciencia cada uno".

Fuente: Religión en Libertad

Santo Evangelio 21 de junio 2016



Día litúrgico: Martes XII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 7,6.12-14): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos, no sea que las pisoteen con sus patas, y después, volviéndose, os despedacen. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas. Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella; mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y pocos son los que lo encuentran».

«No deis a los perros lo que es santo»
Diácono D. Evaldo PINA FILHO 
(Brasilia, Brasil)


Hoy, el Señor nos hace tres recomendaciones. La primera, «No deis a los perros lo que es santo, ni echéis vuestras perlas delante de los puercos» (Mt 7,6), contrastes en que los “bienes” son asociados a “perlas” y lo “que es santo”; y, por otro lado, los “perros y puercos” a lo que es impuro. San Juan Crisóstomo nos enseña que «nuestros enemigos son iguales a nosotros en su naturaleza pero no en su fe». A pesar de que los beneficios terrenales son concedidos de igual manera a los dignos e indignos, no es así en lo que se refiere a las “gracias espirituales”, privilegio de aquellos que son fieles a Dios. La correcta distribución de los bienes espirituales implica un celo por las cosas sagradas.

La segunda es la llamada “regla de oro” (cf. Mt 7,12), que compendiaba todo lo que la Ley y los Profetas recomendaron, tal como ramas de un único árbol: El amor al prójimo presupone el Amor a Dios, y de Él proviene.

Hacer al prójimo lo que queremos que nos hagan implica una transparencia de acciones para con el otro, en el reconocimiento de su semejanza a Dios, de su dignidad. ¿Por qué razón deseamos el Bien para nosotros mismos? Porque lo reconocemos como medio de identificación y unión con el Creador. Siendo el Bien el único medio para la vida en plenitud, es inconcebible su ausencia en nuestra relación con el prójimo. No hay lugar para el bien donde prevalezca la falsedad y predomine el mal.

Por último, la "puerta estrecha"... El Papa Benedicto XVI nos pregunta: «¿Qué significa esta ‘puerta estrecha’? ¿Por qué muchos no pueden pasar por ella? ¿Es un pasaje reservado para algunos elegidos?». ¡No! El mensaje de Cristo «nos dice que todos podemos entrar en la vida. El pasaje es ‘estrecho’, pero abierto a todos; ‘estrecho’ porque es exigente, requiere compromiso, abnegación, mortificación del propio egoísmo».

Roguemos al Señor que realizó la salvación universal con su muerte y resurrección, que nos reúna a todos en el Banquete de la vida eterna.

«Entrad por la puerta estrecha»
+ Rev. D. Lluís ROQUÉ i Roqué 
(Manresa, Barcelona, España)


Hoy, Jesús nos hace tres recomendaciones importantes. No obstante, centraremos nuestra atención en la última: «Entrad por la entrada estrecha» (Mt 7,13), para conseguir la vida plena y ser siempre felices, para evitar ir a la perdición y vernos condenados para siempre.

Si echas un vistazo a tu alrededor y a tu misma existencia, fácilmente comprobarás que todo cuanto vale cuesta, y que lo que tiene un cierto nivel está sujeto a la recomendación del Maestro: como han dicho con gran profundidad los Padres de la Iglesia, «por la cruz se cumplen todos los misterios que contribuyen a nuestra salvación» (San Juan Crisóstomo). Una vez me decía, en el lecho de su agonía, una anciana que había sufrido mucho en su vida: «Padre, quien no saborea la cruz no desea el cielo; sin cruz no hay cielo».

Todo lo dicho contradice a nuestra naturaleza caída, aunque haya sido redimida. Por eso, además de enfrentarnos con nuestro natural modo de ser, tendremos que ir a contracorriente a causa del ambiente de bienestar que se fundamenta en el materialismo y en el goce incontrolado de los sentidos, que buscan —al precio de dejar de ser— tener más y más, obtener el máximo placer.

Siguiendo a Jesús —que ha dicho «Yo soy la luz del mundo. El que me siga no caminará a oscuras, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8,12)—, nos damos cuenta que el Evangelio no nos condena a una vida oscura, aburrida e infeliz, sino todo lo contrario, pues nos promete y nos da la felicidad verdadera. No hay más que repasar las Bienaventuranzas y mirar a aquellos que, después de entrar por la puerta estrecha, han sido felices y han hecho dichosos a los demás, obteniendo —por su fe y esperanza en Aquel que no defrauda— la recompensa de la abnegación: «El ciento por uno en el presente y la vida eterna en el futuro» (Lc 18,30). El “sí” de María está acompañado por la humildad, la pobreza, la cruz, pero también por el premio a la fidelidad y a la entrega generosa.

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lunes, 20 de junio de 2016

Con cinco años y enferma terminal, ella consolaba a su madre: «No te preocupes, Dios me cuidará»

Con cinco años y enferma terminal, ella consolaba a su madre: «No te preocupes, Dios me cuidará»

Con cinco años y enferma terminal, ella consolaba a su madre: «No te preocupes, Dios me cuidará»

Julianna, que sufría la enfermedad de Charcot-Marie-Toth murió antes de cumplir los seis años


La fe no entiende de edades y hay numerosos casos de niños que han mostrado un amor a Dios más fuerte y maduro que el de los adultos. Es por ejemplo el caso de Julianna, una niña de cinco años enferma terminal y muy claro que iba a ir al cielo y que Dios le iba a cuidar. En La Información, Juan Bosco Martín Algarra relata la conversación de esta niña con su madre y como ésta prefirió ir al cielo a volver al hospital:

Los padres de una niña de 5 años que sufría una enfermedad dolorosa e incurable decidieron consultarle si quería ir al hospital para seguir el tratamiento o “ir al cielo”. La pequeña escogió lo segundo y murió este martes en su casa de Portland (EEUU).

“Nuestra dulce Julianna se fue al cielo hoy”, escribió su madre, Michelle Moon, en el blog donde relataba la historia de su hija. “Tengo el corazón roto, pero también estoy muy agradecida. Me siento la mamá con más suerte del mundo, porque Dios, de alguna manera, me confió esta niña maravillosa, y pudimos estar juntos casi seis años. Quería más tiempo, por supuesto, y por eso estoy triste. Pero ella es libre ahora”.

La enfermedad neurodegenerativa que tenía aprisionada a Julianna, la enfermedad de Charcot-Marie-Toth, le provocaba fuertes dolores y era incurable. Se trata de un trastorno hereditario que afecta a los nervios que están por fuera del cerebro y la columna vertebral.

Un nuevo ingreso podría ser el último
Se la diagnosticaron cuando tenía solo 2 años. A los 4 ya no podía usar ni brazos ni piernas. No podía tragar, por lo que tenía que ser alimentada a través de un tubo en el estómago. Sus dificultades para respirar la hacían ingresar una y otra vez en el hospital.

Los médicos que trataban a la niña explicaron a los padres que existían posibilidades razonables de que un nuevo ingreso en el hospital por infecciones respiratorias obligaría a practicar varios procedimientos dolorosos. En el caso de que la niña sobreviviera, sólo sería por corto tiempo y estaría sedada. No podría comunicarse.

Las facultades mentales de la niña, sin embargo, se desarrollaban con normalidad. “Era una niña extraordinaria”, declaró a la CNN Art Caplan, director de la división de ética médica de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York. Caplan confesó que, gracias a Julianna, él había aprendido que “un niño puede llegar a estar bien informado sobre una enfermedad difícil y puede comunicar sentimientos y reflexiones”.

Conscientes de la gravedad de la situación, los padres decidieron preguntar a su hija sobre el asunto. La madre relató la conversación en su blog:

Michelle: Julianna, si enfermas de nuevo, ¿quieres ir al hospital o quedarte en casa?
Julianna: Al hospital no.
Michelle: ¿Incluso si eso significa, si te quedas en casa, te irás al cielo?
Julianna: Sí.
Michelle: ¿Y tú sabes que papá y mamá no irán contigo inmediatamente? Irás sola primero
Julianna: No te preocupes. Dios me va a cuidar.
Michelle: Si vas al hospital, eso te puede ayudar a que te mejores y puedas venir a casa y pasar más tiempo con nosotros. Necesito estar segura de que entiendes eso. El hospital te puede dar más tiempo con papá y mamá.
Julianna: Entiendo.
En este momento, Michelle se puso a llorar, pero tuvo fuerzas suficientes para continuar.
Michelle: Lo siento, Julianna. Sé que no te gusta cuando lloro. Pero es que me vas a hacer mucha falta
Julianna: Está bien. Dios me va a cuidar. Está en mi corazón.

Durante el último año y medio de vida, Julianna estuvo sometida a cuidados paliativos. Pero hace unos días se enfermó. “Esta vez no se recuperó. Empeoró más y más y en 24 horas se fue”, explicó la madre a la CNN.

“Por favor, no olviden a Julianna”, escribió en el blog. “Luchó duramente por quedarse aquí, con más fuerza de la que he podido ver luchar a nadie, con un cuerpo demasiado frágil para este mundo. Ella fue muy valiente, y eso que detestaba tener que ser valiente. Su cuerpo no debía ganar esta batalla. Estaba cansado y debía descansar. Y cuando lo hizo, se la veía tranquila. Ya es libre. Nuestra querida Julianna finalmente es libre”.

Fuente: Religión en Libertad

Santo Evangelio 20 de Junio 2016



Día litúrgico: Lunes XII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 7,1-5): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: ‘Deja que te saque la brizna del ojo’, teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano».

«Con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá»
Rev. D. Jordi POU i Sabater 
(Sant Jordi Desvalls, Girona, España)


Hoy, el Evangelio me ha recordado las palabras de la Mariscala en El caballero de la Rosa, de Hug von Hofmansthal: «En el cómo está la gran diferencia». De cómo hagamos una cosa cambiará mucho el resultado en muchos aspectos de nuestra vida, sobre todo, la espiritual.

Jesús dice: «No juzguéis, para que no seáis juzgados» (Mt 7,1). Pero Jesús también había dicho que hemos de corregir al hermano que está en pecado, y para eso es necesario haber hecho antes algún tipo de juicio. San Pablo mismo en sus escritos juzga a la comunidad de Corinto y san Pedro condena a Ananías y a su esposa por falsedad. A raíz de esto, san Juan Crisóstomo justifica: «Jesús no dice que no hemos de evitar que un pecador deje de pecar, hemos de corregirlo sí, pero no como un enemigo que busca la venganza, sino como el médico que aplica un remedio». El juicio, pues, parece que debiera hacerse sobre todo con ánimo de corregir, nunca con ánimo de venganza.

Pero todavía más interesante es lo que dice san Agustín: «El Señor nos previene de juzgar rápida e injustamente (...). Pensemos, primero, si nosotros no hemos tenido algún pecado semejante; pensemos que somos hombres frágiles, y [juzguemos] siempre con la intención de servir a Dios y no a nosotros». Si cuando vemos los pecados de los hermanos pensamos en los nuestros, no nos pasará, como dice el Evangelio, que con una viga en el ojo queramos sacar la brizna del ojo de nuestro hermano (cf. Mt 7,3).

Si estamos bien formados, veremos las cosas buenas y las malas de los otros, casi de una manera inconsciente: de ello haremos un juicio. Pero el hecho de mirar las faltas de los otros desde los puntos de vista citados nos ayudará en el cómo juzguemos: ayudará a no juzgar por juzgar, o por decir alguna cosa, o para cubrir nuestras deficiencias o, sencillamente, porque todo el mundo lo hace. Y, para acabar, sobre todo tengamos en cuenta las palabras de Jesús: «Con la medida con que midáis se os medirá» (Mt 7,2).

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