jueves, 30 de junio de 2016

Santo Evangelio 30 de Junio 2016



Día litúrgico: Jueves XIII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 9,1-8): En aquel tiempo, subiendo a la barca, Jesús pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados». Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Éste está blasfemando». Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dice entonces al paralítico—: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’». Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.

«Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa»
Rev. D. Francesc NICOLAU i Pous 
(Barcelona, España)


Hoy encontramos una de las muchas manifestaciones evangélicas de la bondad misericordiosa del Señor. Todas ellas nos muestran aspectos ricos en detalles. La compasión de Jesús misericordiosamente ejercida va desde la resurrección de un muerto o la curación de la lepra, hasta perdonar a una mujer pecadora pública, pasando por muchas otras curaciones de enfermedades y la aceptación de pecadores arrepentidos. Esto último lo expresa también en parábolas, como la de la oveja descarriada, la didracma perdida y el hijo pródigo.

El Evangelio de hoy es una muestra de la misericordia del Salvador en dos aspectos al mismo tiempo: ante la enfermedad del cuerpo y ante la del alma. Y puesto que el alma es más importante, Jesús comienza por ella. Sabe que el enfermo está arrepentido de sus culpas, ve su fe y la de quienes le llevan, y dice: «¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados» (Mt 9,2).

¿Por qué comienza por ahí sin que se lo pidan? Está claro que lee sus pensamientos y sabe que es precisamente esto lo que más agradecerá aquel paralítico, que, probablemente, al verse ante la santidad de Jesucristo, experimentaría confusión y vergüenza por las propias culpas, con un cierto temor a que fueran impedimento para la concesión de la salud. El Señor quiere tranquilizarlo. No le importa que los maestros de la Ley murmuren en sus corazones. Más aun, forma parte de su mensaje mostrar que ha venido a ejercer la misericordia con los pecadores, y ahora lo quiere proclamar.

Y es que quienes, cegados por el orgullo se tienen por justos, no aceptan la llamada de Jesús; en cambio, le acogen los que sinceramente se consideran pecadores. Ante ellos Dios se abaja perdonándolos. Como dice san Agustín, «es una gran miseria el hombre orgulloso, pero más grande es la misericordia de Dios humilde». Y en este caso, la misericordia divina todavía va más allá: como complemento del perdón le devuelve la salud: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa» (Mt 9,6). Jesús quiere que el gozo del pecador convertido sea completo.

Nuestra confianza en Él se ha de afianzar. Pero sintámonos pecadores a fin de no cerrarnos a la gracia.

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Un grupo de voluntarios que ayuna contigo por tus intenciones: así se expande la red «Ayuno por ti»

Un grupo de voluntarios que ayuna contigo por tus intenciones: así se expande la red «Ayuno por ti»

Un grupo de voluntarios que ayuna contigo por tus intenciones: así se expande la red «Ayuno por ti»

Los colaboradores de la red hacen el sacrificio los miércoles, pero no sustituyen, sino que se unen a las oraciones y ayunos de quien acude a ellos.

Las personas que empezaron con Ayuno por ti llevan ya un año y medio ayunando a pan y agua todos los miércoles por las intenciones de quienes se lo piden, pero sólo hace tres meses que lanzaron la página web y el perfil de Facebook que son ahora estandarte de la iniciativa. Están sorprendidos del éxito. Empezaron en Madrid y llegan ya peticiones de toda España y de América. Y no sólo peticiones de oración, también de colaboración: voluntarios que se ofrecen para esa práctica ascética y caritativa.

¿En qué consiste la red? Por un lado están quienes contactan con Ayuno por ti para pedirles que recen y ayunen por una intención determinada. Y por otro lado están quienes lo hacen, los ayunadores, que en este breve periodo de tiempo suman ya decenas de personas a quienes solo se les pide que faciliten una dirección de correo electrónico y un nick. Es lo mínimo imprescindible para informar de las intenciones de la semana y organizarlas, porque es norma en esta red la discreción para hacer el bien en humildad.


"De hecho, tenemos ayunadores que yo sé que se conocen entre sí, pero uno no sabe que el otro también lo es. Y por supuesto yo no les digo nada", nos explica Diego Cazzola, principal impulsor de esta iniciativa que, como ellos mismos la definen, "nace en la Iglesia católica y contempla la oración en comunión con la Iglesia y en unión al Papa Francisco". 

Ante problemas muy serios
Diego y su esposa son orientadores en instituciones educativas, y la idea de poner en marcha la red les surgió cuando vieron que muchos de los problemas de los que tenían que ocuparse en su labor profesional diaria exigían algo más que consejos: exigían oración. Decidieron sistematizar esos casos y pedir ayuda para rezar por ellos a algunos amigos. Estaba naciendo Ayuno por ti.

Cada miércoles (o, quien así lo desee, también los viernes), Diego, que es quien centraliza y valora las peticiones, comunica a los ayunadores la intención por la que rezar el rosario ese día y suprimir todo alimento salvo pan y agua.


Cada colaborador es libre de ayunar con la intensidad que pueda: ya sea en cantidad suficiente de pan y agua para no pasar hambre, pero ofreciendo el sacrificio de privarse del sabor y el placer de cualquier otra comida o bebida; ya sea con ayuno en sentido estricto, es decir, pan en poca cantidad y sintiendo las protestas del estómago.

Dos requisitos mínimos
Ayuno por ti sólo pone dos requisitos a las peticiones que se les hagan: "Primera, que sean causas objetiva y realmente importantes. No podemos movilizar al ayuno a decenas de personas para que un chico apruebe la selectividad, salvo que haya circunstancias muy excepcionales".

Diego nos cuenta algunos de los casos más relevantes de los que ya se han ocupado: un matrimonio en dificultades porque uno de los cónyuges se había convertido a Dios al mismo tiempo que el otro se alejaba de Él; un niño con un tumor cerebral; o dos posesiones diabólicas "de las cuales por lo menos una sabemos que ya está en manos de la Santa Sede, porque eran tremendas, con dolores agudísimos, levitaciones y vomitadas enormes". También rezan y ayunan cuando hay alguna petición especial del Papa o de instituciones como Ayuda a la Iglesia Necesitada.

El segundo requisito es la implicación del peticionario: "No somos un sustituto, somos una ayuda. No hacemos algo en tu lugar, nos unimos a tu oración y tu ayuno". Porque se trata de que la iniciativa, aparte de la petición concreta, se haga también para bien espiritual de quien la solicita: "Pero somos conscientes de que para mucha gente es difícil rezar o ayunar, por eso venimos a complementarles".

Dos sacerdotes orientan
Entre los colaboradores de Ayuno por ti hay sacerdotes, dos de los cuales aportan su saber y autoridad de modo preeminente para valorar y organizar las peticiones. "Hay también una laica consagrada, varios matrimonios... El perfil de edad mayoritario está entre los 27 y los 50 años", concluye Diego.

La iniciativa crece muy deprisa como comunidad orante que es. Si quieres unirte a ella o pedirles algo, pincha aquí.

miércoles, 29 de junio de 2016

Comunista, drogadicto y criminal, lo perdió todo... un día abrió la Biblia al azar, y Dios le habló

Comunista, drogadicto y criminal, lo perdió todo... un día abrió la Biblia al azar, y Dios le habló

Comunista, drogadicto y criminal, lo perdió todo... un día abrió la Biblia al azar, y Dios le habló

De joven militó en el comunismo, era un delincuente buscado por la policía y llevaba una vida de excesos, alejado de Dios



Hoy Daniel Marie es un sacerdote y fraile franciscano de 59 años. Es el superior del convento de San Antonio, en Bruselas. Pero en su juventud estuvo muy alejado de Dios. Fue comunista, drogadicto y criminal. Incluso pensó en suicidarse.

Un día, abrió la Biblia al azar y sintió que Dios le hablaba. Finalmente encontró un lugar entre los franciscanos.

Daniel Marie da testimonio de su vida y habla de la obra que realizan en las calles de Bruselas los frailes del convento San Antonio en la revista Huellas, del movimiento Comunión y Liberación.

Un vástago de buena familia
Daniel Marie nació en 1957, en el seno de una familia católica burguesa, pero en su juventud no estaba presente Dios. Militó en la Liga Comunista Revolucionaria en busca de un ideal de justicia: “Mis raíces eran cristianas, amaba a los demás y buscaba la justicia, pero sin tener un norte”, dice Daniel para Huellas.

Jesucristo le parecía algo inútil y abstracto. Su día a día se basaba en el pecado: el sexo libre y la violencia. De fumar porros pasó a la heroína. El dinero lo conseguía robando. Incluso estuvo implicado en atracos a mano armada en bancos. Perseguido por la policía, huyó a Italia, sin nada.

El hermano Daniel Marie predicando durante una Eucaristía en San Antonio

En Génova dormía encima de un banco del parque e incluso pensó en suicidarse. “De repente, el Espíritu Santo suscitó en mí un pensamiento luminoso. Entendí que todos los mensajes de la sociedad de consumo se habían desvanecido para mí. Y pensé, ¿ahora qué puedo hacer conmigo? Ese fue el comienzo de mi liberación”, cuenta.

En Milán iba casa por casa vendiendo productos ilegales de imitación. “Mis compradores intercambiaban palabras conmigo”. Esto era un aliciente para Daniel, porque se sentía presente, sabía así que existía, que se preocupaban por él.

El giro decisivo
En Umbría se produjo un cambio en la vida de Daniel Marie. Allí se dio cuenta de que le faltaba todo. “Me encontré en los labios las mismas palabras de la parábola del Hijo Pródigo "no tengo nada"; pero esa parábola era yo; en ese momento ni siquiera la recordaba. Y el Padre me contestó: 'Daniel, quieres un trabajo? Vete allá'”.

"Allá" era la casa de un cultivador de tabaco, que le ofreció techo y empleo. Aquella casa Daniel la define como la Providencia. “Para mí, Dios era aquella casa”.

En esas fechas el Espíritu Santo suscitó en él un deseo, el de abrir la Biblia al azar. Y así lo hizo. Leyó: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Ahí encontró la respuesta que necesitaba. Y después de 10 años, decidió volver a Misa. Para él fue “la Misa más hermosa del mundo”.


Por eso se muestra agradecido con Dios y quiere dar testimonio de lo que ha experimentado. "Quiero dar testimonio de las mirabilia Dei, lo que Él ha obrado en mi vida de pecado”.

Tiempo después, quiso pasar un tiempo de convivencia en un monasterio. Un amigo comecuras (como él lo define), experto en ocultismo, le encontró el teléfono de unos monjes expertos en grafología.

Era un convento de franciscanos cerca de Asís. En esos monjes vio hombres normales, "hombres como yo”. Y entonces comprendió que era la compañía que buscaba.  

"Sentí la llamada del Señor. Los frailes estuvieron de acuerdo en que lo mantuviese en secreto durante cinco años porque entendían que era la obra de Dios", recuerda.

La «Casa de Dios»
Hoy en Bruselas, Daniel Marie forma parte de una pequeña comunidad de seis franciscanos conventuales menores del convento de San Antonio en un barrio multirracial, policultural y multirreligioso, en Molenbeek (Bruselas). Se instalaron aquí hace tres años por expreso deseo del general de la orden.

El convento de San Antonio no es sólo un centro de ayuda que cada martes, desde los atentados terroristas en Molenbeek, junto a sus voluntarios, distribuye comida en este barrio de mayoría musulmana. Allí rezan juntos la oración de San Francisco de Asís por la paz.

Los voluntarios del convento de San Antonio repartiendo alimentos en Molenbeek

"Desde que oramos juntos se percibe que ahora existe una mayor serenidad y un sentido de hermandad”, dice el hermano Jack, de origen australiano que guía la oración.

Se les conoce como la Casa de Dios de los Seis Magníficos, formada por frailes jóvenes, de distintos países y que han presenciado situaciones extremas. Han logrado que a la Misa dominical acudan unas cuatrocientas personas. Antes no había más que treinta.

Los Seis Magníficos conocen muy bien lo humano, sus heridas y sus contradicciones y han experimentado a Jesucristo en sus vidas. Un ejemplo es el hermano Benjamín, francés, que viene de la misma ciudad que Daniel Marie y le conocía desde que eran niños. Se le quedó grabado en el recuerdo y al cabo de los años, decidió ir a buscarle.

El hermano Jack, animando la oración de San Francisco de Asís por la paz

Benjamín vivía una situación penosa. Sus padres se habían separado y él se instaló con su padre, enfermo y alcohólico. A causa de esto Benjamín cayó en la droga y se sumió en una depresión.

Cuenta que el único que podía ayudarle en esos momentos era Daniel. Por eso, fue a verle al convento, y para él “fue como encontrar a Cristo en persona”.

El convento de San Antonio es un punto vivo que sabe dialogar con todo el mundo y ofrecerles una respuesta cristiana. Eso es lo que el general de la orden quería: “Crear una nueva presencia de vida franciscana, una presencia fresca en el corazón de Europa”.

Es el tipo de presencia que atrae a todos, ofreciendo una propuesta de camino para los jóvenes y acogiendo a todo el mundo, también a los musulmanes. 

Daniel Marie por las calles de Molenbeek

Fuente: Religion en Libertad

Santo Evangelio 29 de Junio 2016


Día litúrgico: 29 de Junio: San Pedro y san Pablo, apóstoles

Texto del Evangelio (Mt 16,13-19): En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles Él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

«Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo»
Mons. Jaume PUJOL i Balcells Arzobispo de Tarragona y Primado de Cataluña 
(Tarragona, España)


Hoy celebramos la solemnidad de San Pedro y San Pablo, los cuales fueron fundamentos de la Iglesia primitiva y, por tanto, de nuestra fe cristiana. Apóstoles del Señor, testigos de la primera hora, vivieron aquellos momentos iniciales de expansión de la Iglesia y sellaron con su sangre la fidelidad a Jesús. Ojalá que nosotros, cristianos del siglo XXI, sepamos ser testigos creíbles del amor de Dios en medio de los hombres tal como lo fueron los dos Apóstoles y como lo han sido tantos y tantos de nuestros conciudadanos.

En una de las primeras intervenciones del Papa Francisco, dirigiéndose a los cardenales, les dijo que hemos de «caminar, edificar y confesar». Es decir, hemos de avanzar en nuestro camino de la vida, edificando a la Iglesia y confesando al Señor. El Papa advirtió: «Podemos caminar tanto como queramos, podemos edificar muchas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, alguna cosa no funciona. Acabaremos siendo una ONG asistencial, pero no la Iglesia, esposa del Señor».

Hemos escuchado en el Evangelio de la misa un hecho central para la vida de Pedro y de la Iglesia. Jesús pide a aquel pescador de Galilea un acto de fe en su condición divina y Pedro no duda en afirmar: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16). Inmediatamente, Jesús instituye el Primado, diciendo a Pedro que será la roca firme sobre la cual se edificará la Iglesia a lo largo de los tiempos (cf. Mt 16,18) y dándole el poder de las llaves, la potestad suprema.

Aunque Pedro y sus sucesores están asistidos por la fuerza del Espíritu Santo, necesitan igualmente de nuestra oración, porque la misión que tienen es de gran trascendencia para la vida de la Iglesia: han de ser fundamento seguro para todos los cristianos a lo largo de los tiempos; por tanto, cada día nosotros hemos de rezar también por el Santo Padre, por su persona y por sus intenciones.

«Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo»
+ Mons. Pere TENA i Garriga Obispo Auxiliar Emérito de Barcelona 
(Barcelona, España)


Hoy es un día consagrado por el martirio de los apóstoles san Pedro y san Pablo. «Pedro, primer predicador de la fe; Pablo, maestro esclarecido de la verdad» (Prefacio). Hoy es un día para agradecer la fe apostólica, que es también la nuestra, proclamada por estas dos columnas con su predicación. Es la fe que vence al mundo, porque cree y anuncia que Jesús es el Hijo de Dios: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16). Las otras fiestas de los apóstoles san Pedro y san Pablo miran a otros aspectos, pero hoy contemplamos aquello que permite nombrarlos como «primeros predicadores del Evangelio» (Colecta): con su martirio confirmaron su testimonio.

Su fe, y la fuerza para el martirio, no les vinieron de su capacidad humana. No fue ningún hombre de carne y sangre quien enseñó a Pedro quién era Jesús, sino la revelación del Padre de los cielos (cf. Mt 16,17). Igualmente, el reconocimiento “de aquel que él perseguía” como Jesús el Señor fue claramente, para Saulo, obra de la gracia de Dios. En ambos casos, la libertad humana que pide el acto de fe se apoya en la acción del Espíritu.

La fe de los apóstoles es la fe de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica. Desde la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo, «cada día, en la Iglesia, Pedro continúa diciendo: ‘¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo!’» (San León Magno). Desde entonces hasta nuestros días, una multitud de cristianos de todas las épocas, edades, culturas, y de cualquier otra cosa que pueda establecer diferencias entre los hombres, ha proclamado unánimemente la misma fe victoriosa.

Por el bautismo y la confirmación estamos puestos en el camino del testimonio, esto es, del martirio. Es necesario que estemos atentos al “laboratorio de la fe” que el Espíritu realiza en nosotros (San Juan Pablo II), y que pidamos con humildad poder experimentar la alegría de la fe de la Iglesia.

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martes, 28 de junio de 2016

Miles de personas se conmueven ante la bella sonrisa de una carmelita a pesar del cáncer que padecía

Miles de personas se conmueven ante la bella sonrisa de una carmelita a pesar del cáncer que padecía

La hermana Cecilia María, argentina, murió el 22 de junio

Miles de personas se conmueven ante la bella sonrisa de una carmelita a pesar del cáncer que padecía

La hermana Cecilia María, carmelita descalza


La hermana Cecilia María partió al cielo después de una dura lucha contra el cáncer. Miles de personas se han conmovido y han compartido en las redes sociales las imágenes de su agonía, un tiempo en el que nunca perdió la paz ni la alegría.


Esta es una de esas historias que conmueven el corazón. Tiene como protagonista a una religiosa contemplativa de la orden de las carmelitas descalzas. Era argentina y murió con 43 años. La alegría que transmitía en vida y su sonrisa han impactado a miles de personas que han compartido por las redes sociales esas fotos. Este relato lo cuenta la agencia Aciprensa.

Se graduó de enfermera y a los 26 años de edad hizo sus primeros votos como carmelita descalza, en el año 2003 hizo su profesión perpetua. Hace seis meses le diagnosticaron cáncer de lengua y la enfermedad hizo metástasis pulmonar. Murió el miércoles 22 de junio en la madrugada. Tenía 43 años.

Vivía en Santa Fe (Argentina)
Vivía en el Monasterio de Santa Teresa y San José de Santa Fe, Argentina, dedicada a la oración y la vida contemplativa, tocaba violín y era conocida por su dulzura y permanente sonrisa.

La dulzura de la hermana Cecilia María impresionó a muchos

En las últimas semanas su enfermedad se agravó y debió ser hospitalizada. Desde su lecho no dejó de orar y ofrecer los sufrimientos que sobrellevaba con la certeza de que su encuentro con Dios estaba cerca.

La hermana Cecilia María, carmelita descalza

En un trozo de papel escribió su último deseo: “Estaba pensando cómo quería que fuera mi funeral. Primero poco de fuerte oración, y después una gran fiesta para todos. ¡No se olviden de rezar pero tampoco de celebrar!”.

Su testimonio y las fotos de sus últimos días hablan por sí mismos y miles de personas comparten en las redes sociales cómo la agonía de la hermana Cecilia está tocando los corazones.

El anuncio de la muerte...
Así anunciaron su muerte las carmelitas descalzas: “¡Jesús! Solo dos líneas para avisarles que nuestra queridísima hermanita se durmió suavemente en el Señor, después de una enfermedad tan dolorosa llevada siempre con alegría y entrega a su Divino Esposo. Les mandamos todo nuestro cariño agradecido por el sostén y la oración durante todo este tiempo tan doloroso pero tan maravilloso a la vez. Creemos que voló directamente al Cielo, pero igualmente les rogamos que no dejen de encomendarla en sus oraciones, que ella desde el Cielo se los pagará. Un abrazo grande de sus hermanas de Santa Fe”.

Fuente: Religión en Libertad

Santo Evangelio 28 de Junio 2016




Día litúrgico: Martes XIII del tiempo ordinario

Santoral 28 de Junio: San Ireneo de Lyon, obispo y mártir
Texto del Evangelio (Mt 8,23-27): En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!». Díceles: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?». Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?».

«Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza»
Fray Lluc TORCAL Monje del Monasterio de Sta. Mª de Poblet 
(Santa Maria de Poblet, Tarragona, España)


Hoy, Martes XIII del tiempo ordinario, la liturgia nos ofrece uno de los fragmentos más impresionantes de la vida pública del Señor. La escena presenta una gran vivacidad, contrastando radicalmente la actitud de los discípulos y la de Jesús. Podemos imaginarnos la agitación que reinó sobre la barca cuando «de pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas» (Mt 8,24), pero una agitación que no fue suficiente para despertar a Jesús, que dormía. ¡Tuvieron que ser los discípulos quienes en su desesperación despertaran al Maestro!: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!» (Mt 8,25).

El evangelista se sirve de todo este dramatismo para revelarnos el auténtico ser de Jesús. La tormenta no había perdido su furia y los discípulos continuaban llenos de agitación cuando el Señor, simplemente y tranquilamente, «se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza» (Mt 8,26). De la Palabra increpatoria de Jesús siguió la calma, calma que no iba destinada sólo a realizarse en el agua agitada del cielo y del mar: la Palabra de Jesús se dirigía sobre todo a calmar los corazones temerosos de sus discípulos. «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?» (Mt 8,26).

Los discípulos pasaron de la turbación y del miedo a la admiración propia de aquel que acaba de asistir a algo impensable hasta entonces. La sorpresa, la admiración, la maravilla de un cambio tan drástico en la situación que vivían despertó en ellos una pregunta central: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?» (Mt 8,27). ¿Quién es el que puede calmar las tormentas del cielo y de la tierra y, a la vez, las de los corazones de los hombres? Sólo quien «durmiendo como hombre en la barca, puede dar órdenes a los vientos y al mar como Dios» (Nicetas de Remesiana).

Cuando pensamos que la tierra se nos hunde, no olvidemos que nuestro Salvador es Dios mismo hecho hombre, el cual se nos acerca por la fe.

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lunes, 27 de junio de 2016

Santo Evangelio 27 de Junio 2016



Día litúrgico: Lunes XIII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 8,18-22): En aquel tiempo, viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre, mandó pasar a la otra orilla. Y un escriba se acercó y le dijo: «Maestro, te seguiré adondequiera que vayas». Dícele Jesús: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». Otro de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre». Dícele Jesús: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos».

«Sígueme»
Rev. D. Jordi PASCUAL i Bancells 
(Salt, Girona, España)


Hoy, el Evangelio nos presenta —a través de dos personajes— una cualidad del buen discípulo de Jesús: el desprendimiento de los bienes materiales. Pero antes, el texto de san Mateo nos da un detalle que no querría pasar por alto: «Viéndose Jesús rodeado de la muchedumbre...» (Mt 8,18). Las multitudes se reúnen cerca del Señor para escuchar su palabra, ser curados de sus dolencias materiales y espirituales; buscan la salvación y un aliento de Vida eterna en medio de los vaivenes de este mundo.

Como entonces, algo parecido pasa en nuestro mundo de hoy día: todos —más o menos conscientemente— tenemos la necesidad de Dios, de saciar el corazón de los bienes verdaderos, como son el conocimiento y el amor a Jesucristo y una vida de amistad con Él. Si no, caemos en la trampa de querer llenar nuestro corazón de otros “dioses” que no pueden dar sentido a nuestra vida: el móvil, Internet, el viaje a las Bahamas, el trabajo desenfrenado para ganar más y más dinero, el coche mejor que el del vecino, o el gimnasio para lucir el mejor cuerpo del país.... Es lo que les pasa a muchos actualmente. 

En contraste, resuena el grito lleno de fuerza y de confianza del Papa Juan Pablo II hablando a la juventud: «Se puede ser moderno y profundamente fiel a Jesucristo». Para eso es preciso, como el Señor, el desprendimiento de todo aquello que nos ata a una vida demasiado materializada y que cierra las puertas al Espíritu.

«El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza (...). Sígueme» (Mt 8,22), nos dice el Evangelio de hoy. Y san Gregorio Magno nos recuerda: «Tengamos las cosas temporales para uso, las eternas en el deseo; sirvámonos de las cosas terrenales para el camino, y deseemos las eternas para el fin de la jornada». Es un buen criterio para examinar nuestro seguimiento de Jesús.

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